LA PENA Y LA AFLICCIÓN TERMINARÁN Carta Pastoral sobre Migración Para el Pueblo de Dios en la Diócesis de El Paso El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial. Los rescatados por el Señor vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado. (Isaías 35,7.10) NOMBRANDO NUESTRA REALIDAD 4. Dios ha bendecido ricamente a nuestra comunidad fronteriza. Rechazamos narrativas que pintan nuestra frontera como un lugar de caos, violencia y escándalo. Como comunidad profundamente moldeada por la realidad de la migración, celebramos nuestra fortaleza y nuestra identidad única, así como su seguridad, aún cuando otros menosprecien la contribución de los migrantes y caractericen de manera errónea la realidad de la frontera. Nuestra frontera reúne culturas, personas y países. Estamos unidos en familia, fiesta y fe. Como una de las comunidades fronterizas binacionales más grandes en el mundo, la migración es parte de nuestro ADN. La gran mayoría aquí tiene fuertes vínculos con México a través de la frontera, particularmente en Ciudad Juárez. Con nuestros hermanos al otro lado del puente, hablamos el mismo idioma. Nos levantamos cada mañana viendo las mismas hermosas montañas, bailamos al son de los mariachis y compartimos burritos y champurrado. Con San Juan Diego, estamos juntos bajo el manto protector de Nuestra Señora de Guadalupe. 5. La Providencia ha bendecido los pueblos, tierras y montañas del desierto de Chihuahua, un lugar de constante migración. Nuestro desierto ha sido casa de comunidades indígenas, como Ysleta del Sur Pueblo (o Tigua), desde tiempos inmemoriales. Estas comunidades han dejado un largo y respetable legado de comercio, autogobierno y libre circulación de personas que ha marcado esta región fronteriza durante siglos, aunque sus derechos no siempre han sido respetados. Para no repetir los errores del pasado, debemos formar «las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los ‘vecinos’, a todo lo que nos rodea.»2 En 1598, fue celebrada por los migrantes españoles, una Santa Misa de Acción de Gracias en San Elizario, la primera sede del condado de El Paso. Los colonizadores migrantes festejaron juntos con miembros de la tribu indígena Manso. Paso del Norte, la única comunidad fundada en las orillas del Río Grande y que se ha convertido en las dos ciudades de El Paso y Ciudad Juárez, creció como una parada importante en el Camino Real, conectando Santa Fe con la Ciudad de México. Los migrantes de la entonces república de Texas y de Estados Unidos incrementarían pronto nuestros números. Trabajadores de muy lejos como Irlanda y China llegaron para construir el ferrocarril que atraviesa El Paso y que conectaría los océanos Atlántico y Pacífico. Los paseños dieron la bienvenida a aquellos que huían de los peligros de la Revolución Mexicana y durante la Cristiada. Muchos de los que vivían en Ciudad Juárez encontraron seguridad en nuestra ciudad, incluyendo sacerdotes, religiosos y seminaristas. En aquellos años el sacerdote Pedro de Jesús Maldonado, fue ordenado en nuestra Catedral de San Patricio, y luego canonizado como uno de los mártires mexicanos.
Un sistema de inmigración quebrado 8. Dentro de nuestra comunidad tal vez no todo el mundo verá de la misma manera el sistema quebrado de migración; sin embargo, todos pueden estar de acuerdo en que el mismo no está funcionando adecuadamente. Las consecuencias morales de este sistema para nuestros hermanos y hermanas no pueden ser ignoradas. Como suele decir el Papa Francisco, «la realidad es más importante que la idea».3 Nadie puede negar los terribles impactos humanos de un sistema que divide a las familias, que permite a algunos detener a los seres humanos con fines de lucro, y que pone en riesgo el compromiso histórico de nuestra nación con el refugiado y solicitante de asilo. Las arenas ardien- tes de nuestro desierto son una tumba anónima para demasiados migrantes que han muerto intentando cruzar. El aumento de la militarización y la construcción de más muros sólo harán que este viaje sea aún más peligroso. Soy pastor de una diócesis con múltiples centros de detención de migrantes que tienen un número incalculable de seres humanos cada noche, donde la angustia se multiplica y la esperanza se atenúa. Soy pastor de una diócesis dividida por muros y puestos de control que separan a las personas de sus seres queridos. Soy obispo de un rebaño asustado por las luces intermitentes de los coches de policía en el espejo retrovisor, que se preguntan si esta excursión familiar o ese regreso a casa del trabajo será el último. Soy padre espiritual de miles de agentes de la Patrulla Fronteriza y del ICE, quienes ponen diariamente sus vidas en la línea para detener el flujo de armas y drogas y a los que las transportan. Muchos agentes están preocupados a conciencia por la retórica política divisoria y los nuevos edictos que vienen de Washington, DC. Soy ciudadano
de una comunidad donde los niños se preocupan si mamá o papá estarán allí cuando regresen de la escuela. En esta situación, cada día pido al Señor que me dé las palabras correctas para consolar, denunciar la injusticia y anunciar la redención. 9. Recientemente hemos presenciado la demonización de los migrantes, y escuchado palabras de odio hacia nuestros vecinos de México y un lenguaje destructivo sobre nuestra frontera. Este año, las acciones severas para la aplicación de la ley han aumentado y las deportaciones de aquellos sin antecedentes penales han aumentado. La desconfianza ha crecido entre las comunidades y los que hacen cumplir las leyes. Hemos visto a los solicitantes de asilo, incluso a los periodistas huyendo por sus vidas, que ahora son puestos en centros de detención como un hecho normal. Hemos escuchado amenazas de que los niños migrantes podrían ser separados de sus madres en la frontera. Aquí en Texas, los programas policiales comunitarios esenciales para nuestra seguridad están siendo amenazados por una nueva ley, la SB4, que autorizará a oficiales locales a servir como agentes de inmigración, incrementando el temor de una fuerza de deportación masiva. Aunque nuestra Iglesia ha sido clara sobre el imperativo de resolver este problema perenne, nuestros líderes electos aún no han reunido el valor moral para promulgar una reforma migratoria permanente y comprensiva. Aun así, los migrantes son tratados, como dice el Papa Francisco, como «peones en el tablero de ajedrez de la humanidad»4. Su trabajo y sus talentos son explotados, pero se les niega la protección de la ley y son chivos expiatorios para nuestros males sociales y económicos.
12. La ley debe estar al servicio de los seres humanos y debería asegurar la santidad de toda vida. Las leyes que no respeten la dignidad humana y garanticen el debido proceso deben ser cambiadas. Si bien el respeto al Estado de derecho es esencial, reconocemos que nosotros «somos ciudadanos del cielo» (Fil. 3,20), y así juzgamos la ley terrenal, incluyendo nuestras leyes de inmigración, de acuerdo a un criterio más alto. Como escribió Martin Luther King, Jr. desde la cárcel de Birmingham, citando a Santo Tomás de Aquino, «una ley injusta es una ley humana que no está enraizada en la ley eterna y la ley natural.»7 Debemos también estar atentos de aquellos «doctores de la ley», los escribas y fariseos de nuestros días, que auto-justificadamente mantienen a los demás a un nivel que nunca se aplicaran a sí mismos. Tratan de hacer cumplir las minucias de la ley mientras ignoran las cargas insoportables que ponen sobre los niños y familias (cf. Mt. 23,1-23). 13. Construir muros, desplegar una fuerza de deportación masiva y militarizar nuestra frontera no son soluciones a largo plazo para los desafíos de la migración. Sólo una reforma migratoria comprensiva brindará soluciones duraderas. En nuestro país, el ente defensor más consistente de los migrantes y de una reforma migratoria comprensiva ha sido la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, con su trabajo profundamente arraigado en la enseñanza bíblica y en el magisterio papal, incluyendo la enseñanza de Papa Francisco, Papa Benedicto XVI y Papa Juan Pablo II. Una reforma migratoria comprensiva deberá incluir lo siguiente: • Las naciones como la nuestra, que disfrutan de paz, prosperidad y seguridad deberán asegurarse de que haya suficientes vías legales para que los trabajadores migratorios y sus familias, que desempeñan funciones importantes en nuestra economía, migren de manera segura y ordenada. • Reformar nuestro sistema de inmigración también significa poner a las familias en primer lugar. Deberíamos poner fin a las prácticas de deportación que separan a las familias y adoptar un sistema que priorice la unidad familiar. En la actualidad puede llevar décadas para que las familias sean reunidas a través del sistema complicado y costoso de hoy en día. • Como país, también estamos involucrados en los impulsores de la migración, a través de políticas comerciales injustas, nuestra adicción a las drogas e incluso el cambio climático. Por lo tanto, nuestros legisladores también deberán abordar las causas raíz de la migración y promover el desarrollo económico sostenible en el extranjero, lo cual permitirá a nuestros hermanos y hermanas a permanecer viviendo en sus países de origen con mejores condiciones de vida. 14. Nunca construiremos una utopía en este nuestro mundo roto. No es nuestro objetivo cuidar las simples posesiones pasajeras. Servimos a un Dios de abundancia que provee las necesidades de aquellos que le sirven con caridad y generosidad. Confiamos en que Dios no creó un mundo sin espacio para todos en el banquete de la vida. Recordando nuestro destino final y confiando en Él que nos acompaña, podemos reconocer que nuestro generoso servicio aquí nos prepara para el Reino venidero. El poder del ‘encuentro’ 15. Si bien la enseñanza de la Iglesia sobre la migración es rica y persuasiva, nada puede sustituir la experiencia personal. Recuerdo que como párroco, a menudo viajaba a Honduras para ministrar en una parroquia hermana. La pobreza extrema en la que vivía la gente era algo que no pudiéramos imaginar en este país y la violencia era omnipresente. Ahí conocí a una miembra comprometida de la parroquia, Delia, una madre de cinco niñas y un niño, una familia hermosa pero muy pobre. Su hija de 16 años, Irma, me rogaba que la trajera a los Estados Unidos. Un día, Irma decidió hacer el viaje por su cuenta. Ella terminó en un centro de detención en el sur de Texas. Años más tarde, su hermana menor, Aura, también tomó la difícil decisión de venir. Recibí una llamada telefónica diciéndome que Aura, apenas de 24 años de edad, estaba detenida en El Paso. Había cruzado el puente desde Ciudad Juárez. Estaba viva, gracias a Dios, pero sobrevivió al viaje con heridas físicas y psicológicas graves. Aura ya había sido obligada a la esclavitud por una mara en Honduras, lo cual le hizo sufrir una crueldad indescriptible. Tenía que escoger entre esa esclavitud o dejar a su madre enferma. Cuando tomó la agonizante decisión de huir, la mantuvieron encerrada en un compartimiento bajo un autobús, obligada a inhalar humos tóxicos durante horas y horas. Escapó y atravesó la pesadilla del desierto en camino a nuestra frontera. Pero después de escapar de los criminales, aquí en la tierra donde esperaba estar segura, fue tratada como a una criminal, puesta tras las rejas en un centro de detención. Lamentablemente, Aura no está sola en su experiencia. Nosotros, ministros que trabajamos a lo largo de la frontera, conocemos las historias de los que continúan llegando, huyendo de la violencia, el hambre y de países desestabilizados, debido en gran parte a nuestro insaciable apetito por las drogas. Para algunos, la deportación de regreso a esas situaciones puede incluso ser una sentencia de muerte. Arreglaremos nuestro sistema de inmigración quebrado el día en que dejemos de ver a la gente como Aura, con miedo y con corazón de piedra. ¡Aura es tu vecina! ¡Aura es tu hermana! TRANSFORMING OUR REALITY
19. Debemos continuar mostrando compasión y atender las necesidades materiales y espirituales de las decenas de miles de migrantes indocumentados en nuestra diócesis y de aquellos que continúan llegando a nuestra frontera. Para examinar la cuestión de la migración a la luz de un clima político cambiante y así ayudarme a discernir un camino para nuestra diócesis hacia una solidaridad más profunda, estoy creando una Comisión Diocesana de Migración. Nuestra solidaridad debe ser efectiva. Sabemos que la Iglesia «tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.» 11 Esta carta pastoral es un hito importante en ese trabajo, pero espero que sea sólo el comienzo de una solidaridad más profunda con los pobres y excluido. 20. A nuestros hermanos y hermanas migrantes: ¡Estamos con ustedes! Como su obispo, me comprometo a estar con ustedes en este tiempo de ansiedad y miedo. Prometo escucharlos, celebrar con ustedes, compartir el pan con ustedes, orar con ustedes y llorar con ustedes. Ustedes tienen una dignidad que ninguna ley o tribunal terrenal puede quitarles. Sus familias enriquecen nuestra comunidad Y fortalecen nuestras parroquias.. Su perseverancia, dedicación y entusiasmo por un futuro mejor renuevan nuestra esperanza. En esta época de prueba, recuerden que nuestra única esperanza es Cristo, cuya gracia es suficiente para nosotros y cuyo poder se manifiesta en la debilidad (cf. 2 Cor. 12,9). Sepan que la Iglesia de El Paso está con ustedes, defiende y afirma su dignidad humana, y aboga por sus derechos. Como parte de este compromiso, estoy creando el Fondo Soñador para ofrecer asistencia financiera a los niños y niñas de nuestras familias migrantes para que asistan a nuestras escuelas católicas. Comenzaré este nuevo fondo de becas con una contribución personal. Históricamente, la educación católica ha sido uno de los medios más eficaces para empoderar a los migrantes y ayudarles a integrarlos en nuestra comunidad y en nuestro país. Las escuelas católicas de la Diócesis de El Paso han transformado vidas y estoy comprometido a hacer crecer este legado. Invito a aquellos que tengan la capacidad financiera para ayudarme a aumentar este apoyo vital para nuestros niños.
24. A nuestros líderes comunitarios: ¡Nos comprometemos a trabajar con ustedes! El Paso es una ciudad bendecida con muchos defensores que trabajan todos los días para construir una mejor comunidad fronteriza. A nuestros líderes electos, prometemos colaborar con ustedes en la construcción de una sociedad en donde se respeten los derechos de cada persona y apoyarlos a asumir posiciones valientes en nombre del bien común y en defensa de los pobres. A nuestros maestros, les agradecemos por hacer de los salones de clase lugares en donde todos nuestros niños se sientan seguros y apoyados. A los medios de comunicación, les doy las gracias por transmitir información veraz y crítica a la comunidad. A los muchos líderes ecuménicos e interreligiosos aquí en la frontera, estoy orgulloso de nuestro testimonio común del poder de la fe para mover los corazones a la justicia; espero trabajar con ustedes para avanzar los compromisos centrales de nuestras tradiciones de fe a la hospitalidad y dar acogida al extraño. 25. A los que están fuera de nuestra comunidad fronteriza, ¡Vengan a ver! El retrato de la frontera presentado por los medios de comunicación y promovido por aquellos en las capitales lejanas, es a menudo impreciso y motivado más por intereses privados que por el interés en la  verdad. Nuestra frontera es hermosa, rica en historia y cultura, fe y maravilla natural. Este es un lugar donde personas de muchas culturas, idiomas y nacionalidades coexisten y prosperan. Invito a jóvenes, voluntarios, abogados y otros profesionales a compartir su tiempo con nosotros, en oportunidades de servicio disponibles a través de muchas organizaciones de la iglesia y la comunidad. Pido a los legisladores y a los encargados de formular políticas en otras partes del país, que pongan fin a la demonización de nuestra frontera, de nuestros residentes fronterizos y de los migrantes. Los migrantes y la migración no son problemas a resolverse, sino más bien «un gran recurso para el camino de la humanidad.»12 Millones de personas en nuestra frontera y en todo el país están orando por ustedes y por una resolución a nuestro sistema quebrado. Mientras tanto, añado mi voz a los que piden un alto a la deportación de los migrantes no violentos, hasta que logremos un consenso nacional y la reforma. La voz de nuestras comunidades debe tomarse en cuenta en la formulación de las políticas fronterizas y en los debates sobre la reforma migratoria. Rechacemos una mentalidad de hostilidad y trabajemos juntos en cooperación generosa para el bien común.
CONCLUSIÓN
26. Pertenecemos a «una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos.»13 Cada año, los feligreses de Ciudad Juárez, Las Cruces y El Paso se reúnen para celebrar la Misa Fronteriza. Nos encontramos divididos quizás por una valla o un río, por una economía de exclusión o políticas injustas de migración. Sin embargo, aún en medio de todo lo que nos separa, la misa fronteriza es un alegre recordatorio de que el Cristo Eucarístico está construyendo una Nueva Humanidad, llevándonos a todos juntos hacia la Nueva Jerusalén. Nuestra Señora de Guadalupe nos inspira una visión de las Américas como un gran Templo para el pueblo de Dios, donde los rescatados por el Señor vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría. Que estos vínculos de caridad continúen creciendo e inflamen nuestros corazones. Que tomemos nuevas y proféticas acciones para lograr el Reino de la justicia, la verdad y la reconciliación para transformar este desierto y que el páramo se convierta en estanque y la tierra sedienta, en manantial.
Dada el dieciocho de julio del año dos mil diecisiete. +Mark Joseph Seitz Obispo de El Paso Notas 1 FRANCISCO, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 114. 2 FRANCISCO, Discurso al Congreso de los Estados Unidos de América (2015) 3 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 231. 4 Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado (2014). 5 Homilía durante la Santa Misa en la Área de la feria de Ciudad Juárez (17 febrero 2016). 6 Cf. JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 106. 7 I Have a Dream:Writings and Speeches that Changed the World. Ed. James M. Washington (San Francisco: Harper Collins, 1992), 89. (Traducción personal). 8 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 72. 9 Ibíd. 198. 10 Ibíd. 53. 11 BENEDICTO XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28. 12 BENEDICTO XVI, Discurso, Ángelus (14 enero 2007). Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2011. Todos los derechos reservados. Diseño de portada: La Nueva Humanidad, vitral, Iglesia de San Pio X, El Paso Traducción por Luz Magdalena Del Valle.
16. Recuerdo también los rostros de aquellos que con valentía contaron sus historias de migración en nuestra Catedral, durante el evento Testimonio de Dignidad y Solidaridad, celebrado a principios de este año junto con nuestra comunidad cívica e interreligiosa. Escuchamos las voces de los Soñadores (Dreamers), solicitantes de asilo y familias migrantes. Recuerdo a Rosa, una madre de tres hijos y abuela de cuatro, que cruzó la frontera sin documentos hace casi 30 años. Rosa es un pilar del vecindario Segundo Barrio y también una incansable voluntaria en la Parroquia del Sagrado Corazón. Debido a que el esposo de Rosa fue deportado hace muchos años, se enfrentó sola al reto de criar una familia, trabajando largas jornadas limpiando casas y cuidando a personas con discapacidad. Ella ha criado una familia fuerte y hermosa. Su hija Rosa es una maestra comprometida en nuestras escuelas públicas y su hijo Jesús es un ingeniero muy dedicado. ¿Quién puede negar que nuestra comunidad sea disminuida sin la fe, el trabajo duro y las contribuciones de Rosa y su familia? 17. Estos momentos de encuentro con nuestros hermanos y hermanas migrantes pueden ser ocasiones para la conversión. En la actualidad, más y más personas viven cotidianamente como si Dios no existiera. Esta creciente indiferencia hacia Dios existe a veces junto a una frialdad cada vez mayor hacia los pobres y los sufrientes, como si ellos no existieran. En tiempos de angustia y confusión nos preguntamos, ¿Dónde está Dios? Pero el Evangelio nos enseña que lo encontraremos entre los pobres y excluidos, quienes «luchan por sobrevivir ... y en esas luchas se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso.» 8 Como dice nuestro Santo Padre, los pobres «tienen mucho que enseñarnos ... Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos.» 9 Los migrantes son proféticos en su testimonio vivido de valores cada vez más marginados en la cultura actual: la fe, la vida y la familia. Y nos despiertan de la indiferencia, abriéndonos los ojos a las injusticias de la globalización y a «una economía de exclusión y de inequidad.»10 Estoy convencido de que la profundidad de la fe de nuestro pueblo y la vitalidad de nuestras parroquias se deben en gran parte a la generosidad de nuestra comunidad en dar la bienvenida al extranjero y a la opción que hacemos por los pobres. 18. Pudieran haber algunos que se pregunten si en estas reflexiones no estoy sustituyendo la política por la enseñanza de la Iglesia. Respondo que, como pastor mi deber es hacia el Evangelio de Jesucristo. Nuestros hermanos y hermanas migrantes, los que oran en nuestras iglesias, ministran en nuestras parroquias, estudian en nuestras escuelas, trabajan en los campos, sirven en nuestras fuerzas armadas ... cada uno de ellos hoy vive en un desierto de ansiedad y aislamiento. Muchos de aquellos que continúan viniendo a nuestra frontera, no solo buscan una vida mejor sino la vida misma. Nuestra comunidad cristiana está llamada a acompañarlos en su angustia y dolor en el camino hacia la liberación, lejos de la tristeza y del duelo y en el camino hacia un futuro de gozo y alegría. Dios desea salvar a su pueblo hoy, haciendo una nueva historia. ¡Estamos llamados a la acción!
23. A los policías locales y a los agentes de inmigración: ¡Gracias! Sepan que su dedicación y valentía en servir a nuestra comunidad y proteger nuestro país son apreciadas. Oficiales locales de la ley han tomado posturas importantes en la priorización de la policía comunitaria y en limitar la participación de los policías en la aplicación de la ley de inmigración. Aún frente a la SB4, espero que los logros obtenidos a través de la cooperación de los policías y alguaciles locales con las comunidades migrantes no se pierdan. Los agentes que aplican las leyes de inmigración de nuestra nación enfrentan diariamente situaciones difíciles y a veces peligrosas. Les ruego, ¡no ignoren las obligaciones de la conciencia! Traten a cada persona que encuentren, con dignidad y respeto y con los valores estadounidenses de equidad y justicia. A los agentes que trabajan en el campo, recuerden que las personas que encuentran durante el desarrollo de su misión son sus hermanos y hermanas, hijos de Dios. ¡Ningún ser humano es ilegal! Les prometo orar por su regreso diario y seguro a sus hogares y familias. A los que dirigen la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), apelo a su compromiso con los nobles ideales de la Constitución de igualdad de trato bajo la ley y el debido proceso. Aunque yo no ofrecería falsas expectativas de protección a los que no tienen un estatus migratorio legal, es mi deber pastoral velar para que nuestros templos y escuelas católicas sigan siendo lugares de unidad, hospitalidad y reverencia. Por lo tanto, he dado instrucciones a nuestro abogado diocesano para que envíe un memorándum a los párrocos y directores de escuelas católicas, comunicando que deben indicarles respetuosamente a los agentes de la Patrulla Fronteriza y al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas que estos no pueden entrar en la propiedad de la iglesia para ejecutar acciones coercitivas sin una orden judicial, excepto en caso de situación de peligro inminente. Confío en su buena voluntad de mantener el respeto por localidades sensibles como escuelas y hospitales así como a lugares de culto, y en preservar el orden público. Prometo mi colaboración y mis sinceros deseos por una relación productiva continua y el intercambio de puntos de vista en beneficio del bien común de esta comunidad.
INTRODUCCIÓN
1. Hace cuatro años, vine al Desierto de Chihuahua para asumir la responsabilidad que me encomendara el Papa Francisco para guiar la Iglesia de Dios en El Paso. Llegué como migrante a una comunidad de migrantes. Desde entonces, he visto el trabajo de ustedes, su fe, su caridad y su perseverancia. Conozco sus retos, como las dificultades de sacar adelante una familia, las ansiedades acerca del futuro que tientan a nuestros jóvenes y la soledad con la que cargan los ancianos. Aún en medio de estas luchas, entre el páramo y la tierra sedienta, he visto la pena y la aflicción terminarse en la fe del pueblo de El Paso. 2. El Señor escucha el clamor de los pobres (cf. Sal. 34,7). Desde que Jesús anunció la Buena Nueva a los pobres, nuestra Iglesia ha sido llamada a solidarizarse con los que sufren. La Iglesia debe iluminar los retos del momento con la luz del Evangelio, señalando lo que el Reino de Dios refleja y lo que no. Mientras les escribo esta carta, estamos viviendo tiempos difíciles como país y los migrantes están viviendo a través de una noche oscura, de miedo e incertidumbre. Nuestra comunidad conoce muy bien la realidad de un sistema migratorio quebrado. Como pastor no puedo ignorar la piedra de tropiezo de un sistema que causa tanto sufrimiento al pueblo de Dios. Los muros y las políticas equivocadas amplian la división entre nosotros y nuestra hermana Ciudad Juárez, las deportaciones separan a los padres de sus hijos y la dura retórica política genera miedo en nuestras parroquias y vecindarios. Con esto en mente, siento la importancia de escribirles en este momento. 3. Nuestro sistema de inmigración quebrado es una herida en esta comunidad fronteriza. Es un escándalo hacia el Cuerpo de Cristo aquí en El Paso. Como cristianos, nuestra misión es anunciar el Reino en medio de un mundo «que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino.»1 Como Pueblo de Dios aquí en la frontera, estamos llamados a transformar este desierto, construyendo manantiales refrescantes de sus páramos para así saciar la sed de los oprimidos. En esta carta dirigida a ustedes, el Pueblo de Dios en El Paso, les invito a considerar los retos de un sistema que está dividiendo nuestra comunidad y reflexionar cómo Dios nos está pidiendo una respuesta. Resaltado y de manera específica, es mi deseo renovar nuestro compromiso de caridad y justicia en nuestra frontera hacia nuestros hermanos y hermanas migrantes.
Vista de Ciudad Juárez desde el campus universitario de El Paso.
6. A pesar de las dificultades, los cambios y las desilusiones, el Espíritu ha estado trabajando en esta larga historia de migraciones, moviendo los corazones a la hospitalidad, recompensando la esperanza con oportunidades de trabajo y construyendo la armonía en la diversidad. Nuestro desierto de Chihuahua ha sido un lugar poderoso de encuentro, en donde se ha arraigado la verdadera cultura del encuentro, lo que ha dado frutos de vida, cultura y fe, que han brotado en las arenas más secas. La obra evangelizadora de la Iglesia tiene lugar dentro de este gran drama, anunciando palabras de bendición, afirmando la vida y dirigiéndose al Reino. Nosotros somos los siervos en el paciente viaje hacia la civilización del amor que el Espíritu está preparando para toda la humanidad. 7. Como ciudad fronteriza, tenemos una vocación única de demostrar la virtud cristiana de la hospitalidad. Estoy maravillado por la caridad y la iniciativa de nuestra gente en dar la bienvenida al extranjero. Nuestra diócesis es bendecida con personas heroicas, familias, pastores, religiosos, parroquias e instituciones que se dedican al servicio de los migrantes y refugiados. Durante casi cuarenta años, la Casa Anunciación ha acogido a miles de personas que huyen del conflicto, el hambre y la persecución. Parroquias y conventos han abierto sus puertas de manera sin precedentes a aquellos que continúan llegando a nuestra frontera desde México, Centroamérica, Brasil, Cuba, Haití y muchos otros países. Nuestra gente aboga por leyes justas y en contra de la militari- zación de nuestra frontera. Nuestro centro de Servicios Diocesa- nos para Migrantes y Refugiados (DMRS por sus siglas en inglés) cumple con una necesidad crítica de proveer servicios legales a la comunidad. Los recién llegados aprenden inglés en los salones de nuestras parroquias, reciben comida y ropa de sus despensas y son acompañados por voluntarios a las estaciones de autobuses y al aeropuerto. Los Entrenamientos Conozca sus Derechos se ofrecen después de la misa y se registran nuevos ciudadanos para que voten por primera vez. Los voluntarios ofrecen palabras de consuelo a los que se encuentran en centros de detención de migrantes y los miembros de los ministerios RICO de las parroquias ofrecen formación de fe y celebran los cumpleaños y quinceañeras de los menores detenidos no acompañados. No hay distinción entre documentados e indocumentados cuando juntos recibimos el Pan de Vida en nuestras capillas e iglesias. v
La enseñanza de la Iglesia sobre la migración 10. ¿Quién puede olvidar la emotiva visita del Papa Francisco al Río Grande el año pasado? Recuerdo los rostros de muchos migrantes, sobrevivientes de la violencia, obreros y menores no acompañados - nuestros VIPs de Papa Francisco - que saludaron al Santo Padre en nombre de la comunidad de El Paso y de hecho de todo Estados Unidos, cuando él se acercó al Río Grande. No puedo más que pensar que los suyos eran los rostros del sueño americano, marcados por la lucha pero llenos de esperanza. El canto del Requiem aeternam, la oración de la Iglesia por los muertos, cantado por el coro mientras el Papa se acercó a la valla para orar por los que murieron en el desierto y que nunca pudieron realizar sus sueños terrenales, debió marcar nuestra memoria. Su petición de que se ponga fin a la tragedia de la migración forzada fue clara: «¡No más muerte! ¡No más explotación!»5 11. En ese momento en el Río Grande, el Papa Francisco expresó toda la enseñanza de la Iglesia sobre la migración: encuentro, conversión y compasión. Esta enseñanza descansa sobre bases antiguas. El Antiguo Testamento es claro: «Al forastero que reside junto a ustedes, le mirarán como a uno de su pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues forasteros fueron ustedes en la tierra de Egipto» (Lev. 19,34). Jesús mismo fue refugiado en la fuga hacia Egipto (cf. Mt. 2,13-23). Sabemos que Dios está al lado de los migrantes y «no se avergüenza de ser llamado su Dios, porque les tenía preparada una ciudad» (Heb. 11,16). Todo ser humano lleva en sí la imagen de Dios, que nos confiere una dignidad más alta que cualquier pasaporte o estatus migratorio. Debido a esta dignidad, la Iglesia ha reconocido durante mucho tiempo el primer derecho de las personas a no emigrar, sino a permanecer en su comunidad de origen. Pero cuando eso se ha vuelto imposible, la Iglesia también reconoce el derecho a emigrar.6 Si bien los países tienen el deber de garantizar que la migración sea ordenada y segura, esta responsabilidad nunca puede servir como pretexto para construir muros y cerrar la puerta a los migrantes y refugiados.
"TODO SER HUMANO LLEVA EN SI LA IMAGEN DE DIOS, QUE NOS CONFIERE UNA DIGNIDAD MÁS ALTA QUE CUALQUIER PASAPORTE O ESTATUS MIGRATORIO."
CONFRONTANDO NUESTRA REALIDAD
“SEPAN QUE LA IGLESIA DE EL PASO ESTÁ CON USTEDES, DEFIENDE Y AFIRMA SU DIGNIDAD HUMANA Y ABOGA POR SUS DERECHOS .”
21. A nuestros sacerdotes y parroquias, ¡Aboguemos por los migrantes! Nuestras parroquias deben ser lugares donde los migrantes sean bienvenidos y fortalecidos en su fe. Nuestra comunidad de fe también está llamada a anunciar la Buena Nueva del Reino, redireccionando los términos del debate público para una sociedad más justa y presenciando los valores de la misericordia, la justicia y la verdad. Nuestras parroquias deben ser centros de oración, estudio y diálogo, en donde los católicos puedan involucrarse en la construcción de una frontera más humana a través de la educación y la incidencia pública. Dada la confusión y el miedo que rodea el tema de la migración no todos estarán de acuerdo en cómo solucionar los problemas de nuestro sistema quebrado de inmigración. Aunque nunca debemos actuar por temor, nunca debemos temer actuar. Debemos seguir denunciando el mal de la separación de las familias, la militarización de nuestras comunidades fronterizas, la detención con fines de lucro de los migrantes, el maltrato a los solicitantes de asilo y el menosprecio a nuestros hermanos y hermanas musulmanes. Debemos enfrentar la plaga de abuso de sustancias que afecta a nuestro pueblo, la confusión y la depresión que empujan a nuestros niños hacia las drogas, y el tráfico de drogas que está desestabilizando a México y Centroamérica, impulsando la migración hacia nuestra frontera. Debemos enfrentar la injusticia de una economía global de la exclusión que obliga a los trabajadores maquiladores de Ciudad Juárez a ganar uno de los salarios de fábrica más bajos en México. Debemos trabajar para superar la polarización que está desgarrando nuestras comunidades. La Comisión de Migración trabajará con las parroquias para intensificar nuestra defensa, particularmente a través de la Campaña de Justicia para los Migrantes de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. Se ofrecerá un programa de formación intensiva a través del Instituto Tepeyac dedicado a desarrollar líderes de grupos parroquiales. Estos se dedicarán a la incidencia pública y a brindar asistencia a familias afectadas por la deportación o la detención. Junto con nuestros vecinos y otros grupos religiosos, debemos dialogar con nuestros líderes electos, así como con los líderes de las agencias locales de cumplimiento de la ley y de inmigración, para promover el bien común. 22. A nuestros fieles: ¡Comprométanse localmente! Hago un llamado a los fieles para que se involucren aún más en las numerosas obras de caridad y justicia que se realizan diariamente en favor de los migrantes dentro de nuestra diócesis. El trabajo de Casa Anunciación y los esfuerzos del centro de Servicios Diocesanos para Migrantes y Refugiados (DMRS por sus siglas en inglés) son una fuente de orgullo para nuestra comunidad. También reconozco la labor de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez, que alberga y alimenta a los recién llegados a nuestra frontera y a los que han sido deportados. Muchas de nuestras organizaciones comunitarias locales han sido apoyadas por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés) y han demostrado ser defensoras efectivas de la dignidad humana y los derechos de los migrantes. Todos los días nuestras parroquias brindan apoyo y alimento espiritual a los migrantes en formas que a menudo pasan desapercibidas. Todos nosotros podemos apoyar este gran trabajo involucrándonos como voluntarios y con nuestro aporte económico.
Oración por los Migrantes
Oh Señor, como lo hiciera el profeta Isaías en su tiempo, así nosotros hoy compartimos tu visión de esperanza. Nosotros también hemos experimentado las arenas ardientes y el suelo sediento de la indiferencia y la exclusión humana. Lloramos el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas latinoamericanos y de otros lugares, forzados por la violencia, la corrupción y la miseria a abandonar la familia y todo lo que atesoran para buscar una oportunidad de vida aquí en nuestra tierra bendita. Pero sabemos, Señor, que tú mismo eres migrante. Tú experimentaste las pruebas del refugiado, habiendo huído siendo un niño, con tus padres José y María a Egipto. Sabemos de tu amor especial por aquellos que no tienen otra posesión, sino el uno al otro y a Ti. Mueve Señor nuestros corazones y los de nuestros líderes, para amarlos como Tú los amas, amarlos con tu amor, que seamos tu amor por los migrantes en la puerta de nuestro país. Llena nuestros corazones de tu compasión. Ayúdanos a saber que, amando de esta manera no dependeremos de nuestros recursos limitados, sino de la abundancia de Aquel que con una simple bendición proporcionó un banquete a cinco mil con cinco pequeños panes y dos peces. Llénanos de gozo y alegría mientras somos testigos de tu trabajo transformador. Tú que creas la vida de la nada y haces florecer el desierto, salva a los que te invocan. Rescátalos y llénalos con su alegría. Acompáñalos con la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, San Toribio Romo, con nuestro propio San Pedro De Jesús Maldonado y todos los Santos. Y concédenos que los que un día los hemos servido aquí en la tierra, podamos emigrar con ellos al Reino donde vives y reinas por los siglos de los siglos. ¡Amén!
“ONLY COMPREHENSIVE IMMIGRATION REFORM WILL BRING LASTING SOLUTIONS.”
LA PENA Y LA AFLICCIÓN TERMINARÁN Carta Pastoral sobre Migración Para el Pueblo de Dios en la Diócesis de El Paso El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial. Los rescatados por el Señor vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado. (Isaías 35,7.10) NOMBRANDO NUESTRA REALIDAD 4. Dios ha bendecido ricamente a nuestra comunidad fronteriza. Rechazamos narrativas que pintan nuestra frontera como un lugar de caos, violencia y escándalo. Como comunidad profundamente moldeada por la realidad de la migración, celebramos nuestra fortaleza y nuestra identidad única, así como su seguridad, aún cuando otros menosprecien la contribución de los migrantes y caractericen de manera errónea la realidad de la frontera. Nuestra frontera reúne culturas, personas y países. Estamos unidos en familia, fiesta y fe. Como una de las comunidades fronterizas binacionales más grandes en el mundo, la migración es parte de nuestro ADN. La gran mayoría aquí tiene fuertes vínculos con México a través de la frontera, particularmente en Ciudad Juárez. Con nuestros hermanos al otro lado del puente, hablamos el mismo idioma. Nos levantamos cada mañana viendo las mismas hermosas montañas, bailamos al son de los mariachis y compartimos burritos y champurrado. Con San Juan Diego, estamos juntos bajo el manto protector de Nuestra Señora de Guadalupe. 5. La Providencia ha bendecido los pueblos, tierras y montañas del desierto de Chihuahua, un lugar de constante migración. Nuestro desierto ha sido casa de comunidades indígenas, como Ysleta del Sur Pueblo (o Tigua), desde tiempos inmemoriales. Estas comunidades han dejado un largo y respetable legado de comercio, autogobierno y libre circulación de personas que ha marcado esta región fronteriza durante siglos, aunque sus derechos no siempre han sido respetados. Para no repetir los errores del pasado, debemos formar «las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los ‘vecinos’, a todo lo que nos rodea.»2 En 1598, fue celebrada por los migrantes españoles, una Santa Misa de Acción de Gracias en San Elizario, la primera sede del condado de El Paso. Los colonizadores migrantes festejaron juntos con miembros de la tribu indígena Manso. Paso del Norte, la única comunidad fundada en las orillas del Río Grande y que se ha convertido en las dos ciudades de El Paso y Ciudad Juárez, creció como una parada importante en el Camino Real, conectando Santa Fe con la Ciudad de México. Los migrantes de la entonces república de Texas y de Estados Unidos incrementarían pronto nuestros números. Trabajadores de muy lejos como Irlanda y China llegaron para construir el ferrocarril que atraviesa El Paso y que conectaría los océanos Atlántico y Pacífico. Los paseños dieron la bienvenida a aquellos que huían de los peligros de la Revolución Mexicana y durante la Cristiada. Muchos de los que vivían en Ciudad Juárez encontraron seguridad en nuestra ciudad, incluyendo sacerdotes, religiosos y seminaristas. En aquellos años el sacerdote Pedro de Jesús Maldonado, fue ordenado en nuestra Catedral de San Patricio, y luego canonizado como uno de los mártires mexicanos. Un sistema de inmigración quebrado 8. Dentro de nuestra comunidad tal vez no todo el mundo verá de la misma manera el sistema quebrado de migración; sin embargo, todos pueden estar de acuerdo en que el mismo no está funcionando adecuadamente. Las consecuencias morales de este sistema para nuestros hermanos y hermanas no pueden ser ignoradas. Como suele decir el Papa Francisco, «la realidad es más importante que la idea». 3 Nadie puede negar los terribles impactos humanos de un sistema que divide a las familias, que permite a algunos detener a los seres humanos con fines de lucro, y que pone en riesgo el compromiso histórico de nuestra nación con el refugiado y solicitante de asilo. Las arenas ardien- tes de nuestro desierto son una tumba anónima para demasiados migrantes que han muerto intentando cruzar. El aumento de la militarización y la construcción de más muros sólo harán que este viaje sea aún más peligroso. Soy pastor de una diócesis con múltiples centros de detención de migrantes que tienen un número incalculable de seres humanos cada noche, donde la angustia se multiplica y la esperanza se atenúa. Soy pastor de una diócesis dividida por muros y puestos de control que separan a las personas de sus seres queridos. Soy obispo de un rebaño asustado por las luces intermitentes de los coches de policía en el espejo retrovisor, que se preguntan si esta excursión familiar o ese regreso a casa del trabajo será el último. Soy padre espiritual de miles de agentes de la Patrulla Fronteriza y del ICE, quienes ponen diariamente sus vidas en la línea para detener el flujo de armas y drogas y a los que las transportan. Muchos agentes están preocupados a conciencia por la retórica política divisoria y los nuevos edictos que vienen de Washing- ton, DC. Soy ciudadano de una comunidad donde los niños se preocupan si mamá o papá estarán allí cuando regresen de la escuela. En esta situación, cada día pido al Señor que me dé las palabras correctas para consolar, denunciar la injusticia y anunciar la redención. 9. Recientemente hemos presenciado la demonización de los migrantes, y escuchado palabras de odio hacia nuestros vecinos de México y un lenguaje destructivo sobre nuestra frontera. Este año, las acciones severas para la aplicación de la ley han aumentado y las deportaciones de aquellos sin antecedentes penales han aumentado. La desconfianza ha crecido entre las comunidades y los que hacen cumplir las leyes. Hemos visto a los solicitantes de asilo, incluso a los periodistas huyendo por sus vidas, que ahora son puestos en centros de detención como un hecho normal. Hemos escuchado amenazas de que los niños migrantes podrían ser separados de sus madres en la frontera. Aquí en Texas, los programas policiales comunitarios esenciales para nuestra seguridad están siendo amenazados por una nueva ley, la SB4, que autorizará a oficiales locales a servir como agentes de inmigración, incrementando el temor de una fuerza de deportación masiva. Aunque nuestra Iglesia ha sido clara sobre el imperativo de resolver este problema perenne, nuestros líderes electos aún no han reunido el valor moral para promulgar una reforma migratoria permanente y comprensiva. Aun así, los migrantes son tratados, como dice el Papa Francisco, como «peones en el tablero de ajedrez de la humanidad»4. Su trabajo y sus talentos son explotados, pero se les niega la protección de la ley y son chivos expiatorios para nuestros males sociales y económicos. 12. La ley debe estar al servicio de los seres humanos y debería asegurar la santidad de toda vida. Las leyes que no respeten la dignidad humana y garanticen el debido proceso deben ser cambiadas. Si bien el respeto al Estado de derecho es esencial, reconocemos que nosotros «somos ciudadanos del cielo» (Fil. 3,20), y así juzgamos la ley terrenal, incluyendo nuestras leyes de inmigración, de acuerdo a un criterio más alto. Como escribió Martin Luther King, Jr. desde la cárcel de Birmingham, citando a Santo Tomás de Aquino, «una ley injusta es una ley humana que no está enraizada en la ley eterna y la ley natural.»7 Debemos también estar atentos de aquellos «doctores de la ley», los escribas y fariseos de nuestros días, que auto-justificadamente mantienen a los demás a un nivel que nunca se aplicaran a sí mismos. Tratan de hacer cumplir las minucias de la ley mientras ignoran las cargas insoportables que ponen sobre los niños y familias (cf. Mt. 23,1-23). 13. Construir muros, desplegar una fuerza de deportación masiva y militarizar nuestra frontera no son soluciones a largo plazo para los desafíos de la migración. Sólo una reforma migratoria comprensiva brindará soluciones duraderas. En nuestro país, el ente defensor más consistente de los migrantes y de una reforma migratoria comprensiva ha sido la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, con su trabajo profundamente arraigado en la enseñanza bíblica y en el magisterio papal, incluyendo la enseñanza de Papa Francisco, Papa Benedicto XVI y Papa Juan Pablo II. Una reforma migratoria comprensiva deberá incluir lo siguiente: • Las naciones como la nuestra, que disfrutan de paz, prosperidad y seguridad deberán asegurarse de que haya suficientes vías legales para que los trabajadores migratorios y sus familias, que desempeñan funciones importantes en nuestra economía, migren de manera segura y ordenada. • Reformar nuestro sistema de inmigración también significa poner a las familias en primer lugar. Deberíamos poner fin a las prácticas de deportación que separan a las familias y adoptar un sistema que priorice la unidad familiar. En la actualidad puede llevar décadas para que las familias sean reunidas a través del sistema complicado y costoso de hoy en día. • Como país, también estamos involucrados en los impulsores de la migración, a través de políticas comerciales injustas, nuestra adicción a las drogas e incluso el cambio climático. Por lo tanto, nuestros legisladores también deberán abordar las causas raíz de la migración y promover el desarrollo económico sostenible en el extranjero, lo cual permitirá a nuestros hermanos y hermanas a permanecer viviendo en sus países de origen con mejores condiciones de vida. 16. Recuerdo también los rostros de aquellos que con valentía contaron sus historias de migración en nuestra Catedral, durante el evento Testimonio de Dignidad y Solidaridad, celebrado a principios de este año junto con nuestra comunidad cívica e interreligiosa. Escuchamos las voces de los Soñadores (Dreamers), solicitantes de asilo y familias migrantes. Recuerdo a Rosa, una madre de tres hijos y abuela de cuatro, que cruzó la frontera sin documentos hace casi 30 años. Rosa es un pilar del vecindario Segundo Barrio y también una incansable voluntaria en la Parroquia del Sagrado Corazón. Debido a que el esposo de Rosa fue deportado hace muchos años, se enfrentó sola al reto de criar una familia, trabajando largas jornadas limpiando casas y cuidando a personas con discapacidad. Ella ha criado una familia fuerte y hermosa. Su hija Rosa es una maestra comprometida en nuestras escuelas públicas y su hijo Jesús es un ingeniero muy dedicado. ¿Quién puede negar que nuestra comunidad sea disminuida sin la fe, el trabajo duro y las contribuciones de Rosa y su familia? 17. Estos momentos de encuentro con nuestros hermanos y hermanas migrantes pueden ser ocasiones para la conversión. En la actualidad, más y más personas viven cotidianamente como si Dios no existiera. Esta creciente indiferencia hacia Dios existe a veces junto a una frialdad cada vez mayor hacia los pobres y los sufrientes, como si ellos no existieran. En tiempos de angustia y confusión nos preguntamos, ¿Dónde está Dios? Pero el Evangelio nos enseña que lo encontraremos entre los pobres y excluidos, quienes «luchan por sobrevivir ... y en esas luchas se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso.» 8 Como dice nuestro Santo Padre, los pobres «tienen mucho que enseñarnos ... Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos.» 9 Los migrantes son proféticos en su testimonio vivido de valores cada vez más marginados en la cultura actual: la fe, la vida y la familia. Y nos despiertan de la indiferencia, abriéndonos los ojos a las injusticias de la globalización y a «una economía de exclusión y de inequidad.»10 Estoy convencido de que la profundidad de la fe de nuestro pueblo y la vitalidad de nuestras parroquias se deben en gran parte a la generosidad de nuestra comunidad en dar la bienvenida al extranjero y a la opción que hacemos por los pobres. 18. Pudieran haber algunos que se pregunten si en estas reflexiones no estoy sustituyendo la política por la enseñanza de la Iglesia. Respondo que, como pastor mi deber es hacia el Evangelio de Jesucristo. Nuestros hermanos y hermanas migrantes, los que oran en nuestras iglesias, ministran en nuestras parroquias, estudian en nuestras escuelas, trabajan en los campos, sirven en nuestras fuerzas armadas ... cada uno de ellos hoy vive en un desierto de ansiedad y aislamiento. Muchos de aquellos que continúan viniendo a nuestra frontera, no solo buscan una vida mejor sino la vida misma. Nuestra comunidad cristiana está llamada a acompañarlos en su angustia y dolor en el camino hacia la liberación, lejos de la tristeza y del duelo y en el camino hacia un futuro de gozo y alegría. Dios desea salvar a su pueblo hoy, haciendo una nueva historia. ¡Estamos llamados a la acción! TRANSFORMING OUR REALITY 19. Debemos continuar mostrando compasión y atender las necesidades materiales y espirituales de las decenas de miles de migrantes indocumentados en nuestra diócesis y de aquellos que continúan llegando a nuestra frontera. Para examinar la cuestión de la migración a la luz de un clima político cambiante y así ayudarme a discernir un camino para nuestra diócesis hacia una solidaridad más profunda, estoy creando una Comisión Diocesana de Migración. Nuestra solidaridad debe ser efectiva. Sabemos que la Iglesia «tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.» 11 Esta carta pastoral es un hito importante en ese trabajo, pero espero que sea sólo el comienzo de una solidaridad más profunda con los pobres y excluido. 20. A nuestros hermanos y hermanas migrantes: ¡Estamos con ustedes! Como su obispo, me comprometo a estar con ustedes en este tiempo de ansiedad y miedo. Prometo escucharlos, celebrar con ustedes, compartir el pan con ustedes, orar con ustedes y llorar con ustedes. Ustedes tienen una dignidad que ninguna ley o tribunal terrenal puede quitarles. Sus familias enriquecen nuestra comunidad y fortalecen nuestras parroquias. Su perseverancia, dedicación y entusiasmo por un futuro mejor renuevan nuestra esperanza. En esta época de prueba, recuerden que nuestra única esperanza es Cristo, cuya gracia es suficiente para nosotros y cuyo poder se manifiesta en la debilidad (cf. 2 Cor. 12,9). Sepan que la Iglesia de El Paso está con ustedes, defiende y afirma su dignidad humana, y aboga por sus derechos. Como parte de este compromiso, estoy creando el Fondo Soñador para ofrecer asistencia financiera a los niños y niñas de nuestras familias migrantes para que asistan a nuestras escuelas católicas. Comenzaré este nuevo fondo de becas con una contribución personal. Históricamente, la educación católica ha sido uno de los medios más eficaces para empoderar a los migrantes y ayudarles a integrarlos en nuestra comunidad y en nuestro país. Las escuelas católicas de la Diócesis de El Paso han transformado vidas y estoy comprometido a hacer crecer este legado. Invito a aquellos que tengan la capacidad financiera para ayudarme a aumentar este apoyo vital para nuestros niños. 24. A nuestros líderes comunitarios: ¡Nos comprometemos a trabajar con ustedes! El Paso es una ciudad bendecida con muchos defensores que trabajan todos los días para construir una mejor comunidad fronteriza. A nuestros líderes electos, prometemos colaborar con ustedes en la construcción de una sociedad en donde se respeten los derechos de cada persona y apoyarlos a asumir posiciones valientes en nombre del bien común y en defensa de los pobres. A nuestros maestros, les agradecemos por hacer de los salones de clase lugares en donde todos nuestros niños se sientan seguros y apoyados. A los medios de comunicación, les doy las gracias por transmitir información veraz y crítica a la comunidad. A los muchos líderes ecuménicos e interreligiosos aquí en la frontera, estoy orgulloso de nuestro testimonio común del poder de la fe para mover los corazones a la justicia; espero trabajar con ustedes para avanzar los compromisos centrales de nuestras tradiciones de fe a la hospitalidad y dar acogida al extraño. 25. A los que están fuera de nuestra comunidad fronteriza, ¡Vengan a ver! El retrato de la frontera presentado por los medios de comunicación y promovido por aquellos en las capitales lejanas, es a menudo impreciso y motivado más por intereses privados que por el interés en la verdad. Nuestra frontera es hermosa, rica en historia y cultura, fe y maravilla natural. Este es un lugar donde personas de muchas culturas, idiomas y nacionalidades coexisten y prosperan. Invito a jóvenes, voluntarios, abogados y otros profesionales a compartir su tiempo con nosotros, en oportunidades de servicio disponibles a través de muchas organizaciones de la iglesia y la comunidad. Pido a los legisladores y a los encargados de formular políticas en otras partes del país, que pongan fin a la demonización de nuestra frontera, de nuestros residentes fronterizos y de los migrantes. Los migrantes y la migración no son problemas a resolverse, sino más bien «un gran recurso para el camino de la humanidad.»12 Millones de personas en nuestra frontera y en todo el país están orando por ustedes y por una resolución a nuestro sistema quebrado. Mientras tanto, añado mi voz a los que piden un alto a la deportación de los migrantes no violentos, hasta que logremos un consenso nacional y la reforma. La voz de nuestras comunidades debe tomarse en cuenta en la formulación de las políticas fronterizas y en los debates sobre la reforma migratoria. Rechacemos una mentalidad de hostilidad y trabajemos juntos en cooperación generosa para el bien común. CONCLUSIÓN 26. Pertenecemos a «una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos.»13 Cada año, los feligreses de Ciudad Juárez, Las Cruces y El Paso se reúnen para celebrar la Misa Fronteriza. Nos encontramos divididos quizás por una valla o un río, por una economía de exclusión o políticas injustas de migración. Sin embargo, aún en medio de todo lo que nos separa, la misa fronteriza es un alegre recordatorio de que el Cristo Eucarístico está construyendo una Nueva Humanidad, llevándonos a todos juntos hacia la Nueva Jerusalén. Nuestra Señora de Guadalupe nos inspira una visión de las Américas como un gran Templo para el pueblo de Dios, donde los rescatados por el Señor vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría. Que estos vínculos de caridad continúen creciendo e inflamen nuestros corazones. Que tomemos nuevas y proféticas acciones para lograr el Reino de la justicia, la verdad y la reconciliación para transformar este desierto y que el páramo se convierta en estanque y la tierra sedienta, en manantial. Dada el dieciocho de julio del año dos mil diecisiete. +Mark Joseph Seitz Obispo de El Paso Notas 1 FRANCISCO, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 114. 2 FRANCISCO, Discurso al Congreso de los Estados Unidos de América (2015) 3 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 231. 4 Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado (2014). 5 Homilía durante la Santa Misa en la Área de la feria de Ciudad Juárez (17 febrero 2016). 6 Cf. JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 106. 7 I Have a Dream:Writings and Speeches that Changed the World. Ed. James M. Washington (San Francisco: Harper Collins, 1992), 89. (Traducción personal). 8 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 72. 9 Ibíd. 198. 10 Ibíd. 53. 11 BENEDICTO XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28. 12 BENEDICTO XVI, Discurso, Ángelus (14 enero 2007).
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2011. Todos los derechos reservados. Diseño de portada: La Nueva Humanidad, vitral, Iglesia de San Pio X, El Paso Traducción por Luz Magdalena Del Valle.
14. Nunca construiremos una utopía en este nuestro mundo roto. No es nuestro objetivo cuidar las simples posesiones pasajeras. Servimos a un Dios de abundancia que provee las necesidades de aquellos que le sirven con caridad y generosidad. Confiamos en que Dios no creó un mundo sin espacio para todos en el banquete de la vida. Recordando nuestro destino final y confiando en Él que nos acompaña, podemos reconocer que nuestro generoso servicio aquí nos prepara para el Reino venidero.
El poder del ‘encuentro’ 15. Si bien la enseñanza de la Iglesia sobre la migración es rica y persuasiva, nada puede sustituir la experiencia personal. Recuerdo que como párroco, a menudo viajaba a Honduras para ministrar en una parroquia hermana. La pobreza extrema en la que vivía la gente era algo que no pudiéramos imaginar en este país y la violencia era omnipresente. Ahí conocí a una miembra comprometida de la parroquia, Delia, una madre de cinco niñas y un niño, una familia hermosa pero muy pobre. Su hija de 16 años, Irma, me rogaba que la trajera a los Estados Unidos. Un día, Irma decidió hacer el viaje por su cuenta. Ella terminó en un centro de detención en el sur de Texas. Años más tarde, su hermana menor, Aura, también tomó la difícil decisión de venir. Recibí una llamada telefónica diciéndome que Aura, apenas de 24 años de edad, estaba detenida en El Paso. Había cruzado el puente desde Ciudad Juárez. Estaba viva, gracias a Dios, pero sobrevivió al viaje con heridas físicas y psicológicas graves. Aura ya había sido obligada a la esclavitud por una mara en Honduras, lo cual le hizo sufrir una crueldad indescriptible. Tenía que escoger entre esa esclavitud o dejar a su madre enferma. Cuando tomó la agonizante decisión de huir, la mantuvieron encerrada en un compartimiento bajo un autobús, obligada a inhalar humos tóxicos durante horas y horas. Escapó y atravesó la pesadilla del desierto en camino a nuestra frontera. Pero después de escapar de los criminales, aquí en la tierra donde esperaba estar segura, fue tratada como a una criminal, puesta tras las rejas en un centro de detención. Lamentablemente, Aura no está sola en su experiencia. Nosotros, ministros que trabajamos a lo largo de la frontera, conocemos las historias de los que continúan llegando, huyendo de la violencia, el hambre y de países desestabilizados, debido en gran parte a nuestro insaciable apetito por las drogas. Para algunos, la deportación de regreso a esas situaciones puede incluso ser una sentencia de muerte. Arreglaremos nuestro sistema de inmigración quebrado el día en que dejemos de ver a la gente como Aura, con miedo y con corazón de piedra. ¡Aura es tu vecina! ¡Aura es tu hermana!
23. A los policías locales y a los agentes de inmigración: ¡Gracias! Sepan que su dedicación y valentía en servir a nuestra comunidad y proteger nuestro país son apreciadas. Oficiales locales de la ley han tomado posturas importantes en la priorización de la policía comunitaria y en limitar la participación de los policías en la aplicación de la ley de inmigración. Aún frente a la SB4, espero que los logros obtenidos a través de la cooperación de los policías y alguaciles locales con las comunidades migrantes no se pierdan. Los agentes que aplican las leyes de inmigración de nuestra nación enfrentan diariamente situaciones difíciles y a veces peligrosas. Les ruego, ¡no ignoren las obligaciones de la conciencia! Traten a cada persona que encuentren, con dignidad y respeto y con los valores estadounidenses de equidad y justicia. A los agentes que trabajan en el campo, recuerden que las personas que encuentran durante el desarrollo de su misión son sus hermanos y hermanas, hijos de Dios. ¡Ningún ser humano es ilegal! Les prometo orar por su regreso diario y seguro a sus hogares y familias. A los que dirigen la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), apelo a su compromiso con los nobles ideales de la Constitución de igualdad de trato bajo la ley y el debido proceso. Aunque yo no ofrecería falsas expectativas de protección a los que no tienen un estatus migratorio legal, es mi deber pastoral velar para que nuestros templos y escuelas católicas sigan siendo lugares de unidad, hospitalidad y reverencia. Por lo tanto, he dado instrucciones a nuestro abogado diocesano para que envíe un memorándum a los párrocos y directores de escuelas católicas, comunicando que deben indicarles respetuosamente a los agentes de la Patrulla Fronteriza y al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas que estos no pueden entrar en la propiedad de la iglesia para ejecutar acciones coercitivas sin una orden judicial, excepto en caso de situación de peligro inminente. Confío en su buena voluntad de mantener el respeto por localidades sensibles como escuelas y hospitales así como a lugares de culto, y en preservar el orden público. Prometo mi colaboración y mis sinceros deseos por una relación productiva continua y el intercambio de puntos de vista en beneficio del bien común de esta comunidad.
INTRODUCCIÓN 1. Hace cuatro años, vine al Desierto de Chihuahua para asumir la responsabilidad que me encomendara el Papa Francisco para guiar la Iglesia de Dios en El Paso. Llegué como migrante a una comunidad de migrantes. Desde entonces, he visto el trabajo de ustedes, su fe, su caridad y su perseverancia. Conozco sus retos, como las dificultades de sacar adelante una familia, las ansiedades acerca del futuro que tientan a nuestros jóvenes y la soledad con la que cargan los ancianos. Aún en medio de estas luchas, entre el páramo y la tierra sedienta, he visto la pena y la aflicción terminarse en la fe del pueblo de El Paso. 2. El Señor escucha el clamor de los pobres (cf. Sal. 34,7). Desde que Jesús anunció la Buena Nueva a los pobres, nuestra Iglesia ha sido llamada a solidarizarse con los que sufren. La Iglesia debe iluminar los retos del momento con la luz del Evangelio, señalando lo que el Reino de Dios refleja y lo que no. Mientras les escribo esta carta, estamos viviendo tiempos difíciles como país y los migrantes están viviendo a través de una noche oscura, de miedo e incertidumbre. Nuestra comunidad conoce muy bien la realidad de un sistema migratorio quebrado. Como pastor no puedo ignorar la piedra de tropiezo de un sistema que causa tanto sufrimiento al pueblo de Dios. Los muros y las políticas equivocadas amplian la división entre nosotros y nuestra hermana Ciudad Juárez, las deportaciones separan a los padres de sus hijos y la dura retórica política genera miedo en nuestras parroquias y vecindarios. Con esto en mente, siento la importancia de escribirles en este momento. 3. Nuestro sistema de inmigración quebrado es una herida en esta comunidad fronteriza. Es un escándalo hacia el Cuerpo de Cristo aquí en El Paso. Como cristianos, nuestra misión es anunciar el Reino en medio de un mundo «que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino.»1 Como Pueblo de 
Dios aquí en la frontera, estamos llamados a transformar este desierto, construyendo manantiales refrescantes de sus páramos para así saciar la sed de los oprimidos. En esta carta dirigida a ustedes, el Pueblo de Dios en El Paso, les invito a considerar los retos de un sistema que está dividiendo nuestra comunidad y reflexionar cómo Dios nos está pidiendo una respuesta. Resaltado y de manera específica, es mi deseo renovar nuestro compromiso de caridad y justicia en nuestra frontera hacia nuestros hermanos y hermanas migrantes.
Vista de Ciudad Juárez desde el campus universitario de El Paso.
6. A pesar de las dificultades, los cambios y las desilusiones, el Espíritu ha estado trabajando en esta larga historia de migraciones, moviendo los corazones a la hospitalidad, recompensando la esperanza con oportunidades de trabajo y construyendo la armonía en la diversidad. Nuestro desierto de Chihuahua ha sido un lugar poderoso de encuentro, en donde se ha arraigado la verdadera cultura del encuentro, lo que ha dado frutos de vida, cultura y fe, que han brotado en las arenas más secas. La obra evangelizadora de la Iglesia tiene lugar dentro de este gran drama, anunciando palabras de bendición, afirmando la vida y dirigiéndose al Reino. Nosotros somos los siervos en el paciente viaje hacia la civilización del amor que el Espíritu está preparando para toda la humanidad. 7. Como ciudad fronteriza, tenemos una vocación única de demostrar la virtud cristiana de la hospitalidad. Estoy maravillado por la caridad y la iniciativa de nuestra gente en dar la bienvenida al extranjero. Nuestra diócesis es bendecida con personas heroicas, familias, pastores, religiosos, parroquias e instituciones que se dedican al servicio de los migrantes y refugiados. Durante casi cuarenta años, la Casa Anunciación ha acogido a miles de personas que huyen del conflicto, el hambre y la persecución. Parroquias y conventos han abierto sus puertas de manera sin precedentes a aquellos que continúan llegando a nuestra frontera desde México, Centroamérica, Brasil, Cuba, Haití y muchos otros países. Nuestra gente aboga por leyes justas y en contra de la militari- zación de nuestra frontera. Nuestro centro de Servicios Diocesa- nos para Migrantes y Refugiados (DMRS por sus siglas en inglés) cumple con una necesidad crítica de proveer servicios legales a la comunidad. Los recién llegados aprenden inglés en los salones de nuestras parroquias, reciben comida y ropa de sus despensas y son acompañados por voluntarios a las estaciones de autobuses y al aeropuerto. Los Entrenamientos Conozca sus Derechos se ofrecen después de la misa y se registran nuevos ciudadanos para que voten por primera vez. Los voluntarios ofrecen palabras de consuelo a los que se encuentran en centros de detención de migrantes y los miembros de los ministerios RICO de las parroquias ofrecen formación de fe y celebran los cumpleaños y quinceañeras de los menores detenidos no acompañados. No hay distinción entre documentados e indocumentados cuando juntos recibimos el Pan de Vida en nuestras capillas e iglesias.
La enseñanza de la Iglesia sobre la migración 10. ¿Quién puede olvidar la emotiva visita del Papa Francisco al Río Grande el año pasado? Recuerdo los rostros de muchos migrantes, sobrevivientes de la violencia, obreros y menores no acompañados - nuestros VIPs de Papa Francisco - que saludaron al Santo Padre en nombre de la comunidad de El Paso y de hecho de todo Estados Unidos, cuando él se acercó al Río Grande. No puedo más que pensar que los suyos eran los rostros del sueño americano, marcados por la lucha pero llenos de esperanza. El canto del Requiem aeternam, la oración de la Iglesia por los muertos, cantado por el coro mientras el Papa se acercó a la valla para orar por los que murieron en el desierto y que nunca pudieron realizar sus sueños terrenales, debió marcar nuestra memoria. Su petición de que se ponga fin a la tragedia de la migración forzada fue clara: «¡No más muerte! ¡No más explotación!»5 11. En ese momento en el Río Grande, el Papa Francisco expresó toda la enseñanza de la Iglesia sobre la migración: encuentro, conversión y compasión. Esta enseñanza descansa sobre bases antiguas. El Antiguo Testamento es claro: «Al forastero que reside junto a ustedes, le mirarán como a uno de su pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues forasteros fueron ustedes en la tierra de Egipto» (Lev. 19,34). Jesús mismo fue refugiado en la fuga hacia Egipto (cf. Mt. 2,13-23). Sabemos que Dios está al lado de los migrantes y «no se avergüenza de ser llamado su Dios, porque les tenía preparada una ciudad» (Heb. 11,16). Todo ser humano lleva en sí la imagen de Dios, que nos confiere una dignidad más alta que cualquier pasaporte o estatus migratorio. Debido a esta dignidad, la Iglesia ha reconocido durante mucho tiempo el primer derecho de las personas a no emigrar, sino a permanecer en su comunidad de origen. Pero cuando eso se ha vuelto imposible, la Iglesia también reconoce el derecho a emigrar.6 Si bien los países tienen el deber de garantizar que la migración sea ordenada y segura, esta responsabilidad nunca puede servir como pretexto para construir muros y cerrar la puerta a los migrantes y refugiados.
"TODO SER HUMANO LLEVA EN SI LA IMAGEN DE DIOS, QUE NOS CONFIERE UNA DIGNIDAD MÁS ALTA QUE CUALQUIER PASAPORTE O ESTATUS MIGRATORIO."
CONFRONTANDO NUESTRA REALIDAD
“SEPAN QUE LA IGLESIA DE EL PASO ESTÁ CON USTEDES, DEFIENDE Y AFIRMA SU DIGNIDAD HUMANA Y ABOGA POR SUS DERECHOS .”
21. A nuestros sacerdotes y parroquias, ¡Aboguemos por los migrantes! Nuestras parroquias deben ser lugares donde los migrantes sean bienvenidos y fortalecidos en su fe. Nuestra comunidad de fe también está llamada a anunciar la Buena Nueva del Reino, redireccionando los términos del debate público para una sociedad más justa y presenciando los valores de la misericordia, la justicia y la verdad. Nuestras parroquias deben ser centros de oración, estudio y diálogo, en donde los católicos puedan involucrarse en la construcción de una frontera más humana a través de la educación y la incidencia pública. Dada la confusión y el miedo que rodea el tema de la migración no todos estarán de acuerdo en cómo solucionar los problemas de nuestro sistema quebrado de inmigración. Aunque nunca debemos actuar por temor, nunca debemos temer actuar. Debemos seguir denunciando el mal de la separación de las familias, la militarización de nuestras comunidades fronterizas, la detención con fines de lucro de los migrantes, el maltrato a los solicitantes de asilo y el menosprecio a nuestros hermanos y hermanas musulmanes. Debemos enfrentar la plaga de abuso de sustancias que afecta a nuestro pueblo, la confusión y la depresión que empujan a nuestros niños hacia las drogas, y el tráfico de drogas que está desestabilizando a México y Centroamérica, impulsando la migración hacia nuestra frontera. Debemos enfrentar la injusticia de una economía global de la exclusión que obliga a los trabajadores maquiladores de Ciudad Juárez a ganar uno de los salarios de fábrica más bajos en México. Debemos trabajar para superar la polarización que está desgarrando nuestras comunidades. La Comisión de Migración trabajará con las parroquias para intensificar nuestra defensa, particularmente a través de la Campaña de Justicia para los Migrantes de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. Se ofrecerá un programa de formación intensiva a través del Instituto Tepeyac dedicado a desarrollar líderes de grupos parroquiales. Estos se dedicarán a la incidencia pública y a brindar asistencia a familias afectadas por la deportación o la detención. Junto con nuestros vecinos y otros grupos religiosos, debemos dialogar con nuestros líderes electos, así como con los líderes de las agencias locales de cumplimiento de la ley y de inmigración, para promover el bien común. 22. A nuestros fieles: ¡Comprométanse localmente! Hago un llamado a los fieles para que se involucren aún más en las numerosas obras de caridad y justicia que se realizan diariamente en favor de los migrantes dentro de nuestra diócesis. El trabajo de Casa Anunciación y los esfuerzos del centro de Servicios Diocesanos para Migrantes y Refugiados (DMRS por sus siglas en inglés) son una fuente de orgullo para nuestra comunidad. También reconozco la labor de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez, que alberga y alimenta a los recién llegados a nuestra frontera y a los que han sido deportados. Muchas de nuestras organizaciones comunitarias locales han sido apoyadas por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés) y han demostrado ser defensoras efectivas de la dignidad humana y los derechos de los migrantes. Todos los días nuestras parroquias brindan apoyo y alimento espiritual a los migrantes en formas que a menudo pasan desapercibidas. Todos nosotros podemos apoyar este gran trabajo involucrándonos como voluntarios y con nuestro aporte económico.
Oración por los Migrantes
Oh Señor, como lo hiciera el profeta Isaías en su tiempo, así nosotros hoy compartimos tu visión de esperanza. Nosotros también hemos experimentado las arenas ardientes y el suelo sediento de la indiferencia y la exclusión humana. Lloramos el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas latinoamericanos y de otros lugares, forzados por la violencia, la corrupción y la miseria a abandonar la familia y todo lo que atesoran para buscar una oportunidad de vida aquí en nuestra tierra bendita. Pero sabemos, Señor, que tú mismo eres migrante. Tú experimentaste las pruebas del refugiado, habiendo huído siendo un niño, con tus padres José y María a Egipto. Sabemos de tu amor especial por aquellos que no tienen otra posesión, sino el uno al otro y a Ti. Mueve Señor nuestros corazones y los de nuestros líderes, para amarlos como Tú los amas, amarlos con tu amor, que seamos tu amor por los migrantes en la puerta de nuestro país. Llena nuestros corazones de tu compasión. Ayúdanos a saber que, amando de esta manera no dependeremos de nuestros recursos limitados, sino de la abundancia de Aquel que con una simple bendición proporcionó un banquete a cinco mil con cinco pequeños panes y dos peces. Llénanos de gozo y alegría mientras somos testigos de tu trabajo transformador. Tú que creas la vida de la nada y haces florecer el desierto, salva a los que te invocan. Rescátalos y llénalos con su alegría. Acompáñalos con la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, San Toribio Romo, con nuestro propio San Pedro De Jesús Maldonado y todos los Santos. Y concédenos que los que un día los hemos servido aquí en la tierra, podamos emigrar con ellos al Reino donde vives y reinas por los siglos de los siglos. ¡Amén!
“ONLY COMPREHENSIVE IMMIGRATION REFORM WILL BRING LASTING SOLUTIONS.”
LA PENA Y LA AFLICCIÓN TERMINARÁN Carta Pastoral sobre Migración Para el Pueblo de Dios en la Diócesis de El Paso El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial. Los rescatados por el Señor vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado. (Isaías 35,7.10)
1. Hace cuatro años, vine al Desierto de Chihuahua para asumir la responsabilidad que me encomendara el Papa Francisco para guiar la Iglesia de Dios en El Paso. Llegué como migrante a una comunidad de migrantes. Desde entonces, he visto el trabajo de ustedes, su fe, su caridad y su perseverancia. Conozco sus retos, como las dificultades de sacar adelante una familia, las ansiedades acerca del futuro que tientan a nuestros jóvenes y la soledad con la que cargan los ancianos. Aún en medio de estas luchas, entre el páramo y la tierra sedienta, he visto la pena y la aflicción terminarse en la fe del pueblo de El Paso. 2. El Señor escucha el clamor de los pobres (cf. Sal. 34,7). Desde que Jesús anunció la Buena Nueva a los pobres, nuestra Iglesia ha sido llamada a solidarizarse con los que sufren. La Iglesia debe iluminar los retos del momento con la luz del Evangelio, señalando lo que el Reino de Dios refleja y lo que no. Mientras les escribo esta carta, estamos viviendo tiempos difíciles como país y los migrantes están viviendo a través de una noche oscura, de miedo e incertidumbre. Nuestra comunidad conoce muy bien la realidad de un sistema migratorio quebrado. Como pastor no puedo ignorar la piedra de tropiezo de un sistema que causa tanto sufrimiento al pueblo de Dios. Los muros y las políticas equivocadas amplian la división entre nosotros y nuestra hermana Ciudad Juárez, las deportaciones separan a los padres de sus hijos y la dura retórica política genera miedo en nuestras parroquias y vecindarios. Con esto en mente, siento la importancia de escribirles en este momento. 3. Nuestro sistema de inmigración quebrado es una herida en esta comunidad fronteriza. Es un escándalo hacia el Cuerpo de Cristo aquí en El Paso. Como cristianos, nuestra misión es anunciar el Reino en medio de un mundo «que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino.»1 Como Pueblo de 
Dios aquí en la frontera, estamos llamados a transformar este desierto, construyendo manantiales refrescantes de sus páramos para así saciar la sed de los oprimidos. En esta carta dirigida a ustedes, el Pueblo de Dios en El Paso, les invito a considerar los retos de un sistema que está dividiendo nuestra comunidad y reflexionar cómo Dios nos está pidiendo una respuesta. Resaltado y de manera específica, es mi deseo renovar nuestro compromiso de caridad y justicia en nuestra frontera hacia nuestros hermanos y hermanas migrantes.
NOMBRANDO NUESTRA REALIDAD 4. Dios ha bendecido ricamente a nuestra comunidad fronteriza. Rechazamos narrativas que pintan nuestra frontera como un lugar de caos, violencia y escándalo. Como comunidad profundamente moldeada por la realidad de la migración, celebramos nuestra fortaleza y nuestra identidad única, así como su seguridad, aún cuando otros menosprecien la contribución de los migrantes y caractericen de manera errónea la realidad de la frontera. Nuestra frontera reúne culturas, personas y países. Estamos unidos en familia, fiesta y fe. Como una de las comunidades fronterizas binacionales más grandes en el mundo, la migración es parte de nuestro ADN. La gran mayoría aquí tiene fuertes vínculos con México a través de la frontera, particularmente en Ciudad Juárez. Con nuestros hermanos al otro lado del puente, hablamos el mismo idioma. Nos levantamos cada mañana viendo las mismas hermosas montañas, bailamos al son de los mariachis y compartimos burritos y champurrado. Con San Juan Diego, estamos juntos bajo el manto protector de Nuestra Señora de Guadalupe. 5. La Providencia ha bendecido los pueblos, tierras y montañas del desierto de Chihuahua, un lugar de constante migración. Nuestro desierto ha sido casa de comunidades indígenas, como Ysleta del Sur Pueblo (o Tigua), desde tiempos inmemoriales. Estas comunidades han dejado un largo y respetable legado de comercio, autogobierno y libre circulación de personas que ha marcado esta región fronteriza durante siglos, aunque sus derechos no siempre han sido respetados. Para no repetir los errores del pasado, debemos formar «las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los ‘vecinos’, a todo lo que nos rodea.»2 En 1598, fue celebrada por los migrantes españoles, una Santa Misa de Acción de Gracias en San Elizario, la primera sede del condado de El Paso. Los colonizadores migrantes festejaron juntos con miembros de la tribu indígena Manso. Paso del Norte, la única comunidad fundada en las orillas del Río Grande y que se ha convertido en las dos ciudades de El Paso y Ciudad Juárez, creció como una parada importante en el Camino Real, conectando Santa Fe con la Ciudad de México. Los migrantes de la entonces república de Texas y de Estados Unidos incrementarían pronto nuestros números. Trabajadores de muy lejos como Irlanda y China llegaron para construir el ferrocarril que atraviesa El Paso y que conectaría los océanos Atlántico y Pacífico. Los paseños dieron la bienvenida a aquellos que huían de los peligros de la Revolución Mexicana y durante la Cristiada. Muchos de los que vivían en Ciudad Juárez encontraron seguridad en nuestra ciudad, incluyendo sacerdotes, religiosos y seminaristas. En aquellos años el sacerdote Pedro de Jesús Maldonado, fue ordenado en nuestra Catedral de San Patricio, y luego canonizado como uno de los mártires mexicanos. Un sistema de inmigración quebrado 12. La ley debe estar al servicio de los seres humanos y debería asegurar la santidad de toda vida. Las leyes que no respeten la dignidad humana y garanticen el debido proceso deben ser cambiadas. Si bien el respeto al Estado de derecho es esencial, reconocemos que nosotros «somos ciudadanos del cielo» (Fil. 3,20), y así juzgamos la ley terrenal, incluyendo nuestras leyes de inmigración, de acuerdo a un criterio más alto. Como escribió Martin Luther King, Jr. desde la cárcel de Birmingham, citando a Santo Tomás de Aquino, «una ley injusta es una ley humana que no está enraizada en la ley eterna y la ley natural.»7 Debemos también estar atentos de aquellos «doctores de la ley», los escribas y fariseos de nuestros días, que auto-justificadamente mantienen a los demás a un nivel que nunca se aplicaran a sí mismos. Tratan de hacer cumplir las minucias de la ley mientras ignoran las cargas insoportables que ponen sobre los niños y familias (cf. Mt. 23,1-23).
13. Construir muros, desplegar una fuerza de deportación masiva y militarizar nuestra frontera no son soluciones a largo plazo para los desafíos de la migración. Sólo una reforma migratoria comprensiva brindará soluciones duraderas. En nuestro país, el ente defensor más consistente de los migrantes y de una reforma migratoria comprensiva ha sido la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, con su trabajo profundamente arraigado en la enseñanza bíblica y en el magisterio papal, incluyendo la enseñanza de Papa Francisco, Papa Benedicto XVI y Papa Juan Pablo II. Una reforma migratoria comprensiva deberá incluir lo siguiente: • Las naciones como la nuestra, que disfrutan de paz, prosperidad y seguridad deberán asegurarse de que haya suficientes vías legales para que los trabajadores migratorios y sus familias, que desempeñan funciones importantes en nuestra economía, migren de manera segura y ordenada. • Reformar nuestro sistema de inmigración también significa poner a las familias en primer lugar. Deberíamos poner fin a las prácticas de deportación que separan a las familias y adoptar un sistema que priorice la unidad familiar. En la actualidad puede llevar décadas para que las familias sean reunidas a través del sistema complicado y costoso de hoy en día. • Como país, también estamos involucrados en los impulsores de la migración, a través de políticas comerciales injustas, nuestra adicción a las drogas e incluso el cambio climático. Por lo tanto, nuestros legisladores también deberán abordar las causas raíz de la migración y promover el desarrollo económico sostenible en el extranjero, lo cual permitirá a nuestros hermanos y hermanas a permanecer viviendo en sus países de origen con mejores condiciones de vida. Notas
14. Nunca construiremos una utopía en este nuestro mundo roto. No es nuestro objetivo cuidar las simples posesiones pasajeras. Servimos a un Dios de abundancia que provee las necesidades de aquellos que le sirven con caridad y generosidad. Confiamos en que Dios no creó un mundo sin espacio para todos en el banquete de la vida. Recordando nuestro destino final y confiando en Él que nos acompaña, podemos reconocer que nuestro generoso servicio aquí nos prepara para el Reino venidero. El poder del ‘encuentro’ 15. Si bien la enseñanza de la Iglesia sobre la migración es rica y persuasiva, nada puede sustituir la experiencia personal. Recuerdo que como párroco, a menudo viajaba a Honduras para ministrar en una parroquia hermana. La pobreza extrema en la que vivía la gente era algo que no pudiéramos imaginar en este país y la violencia era omnipresente. Ahí conocí a una miembra comprometida de la parroquia, Delia, una madre de cinco niñas y un niño, una familia hermosa pero muy pobre. Su hija de 16 años, Irma, me rogaba que la trajera a los Estados Unidos. Un día, Irma decidió hacer el viaje por su cuenta. Ella terminó en un centro de detención en el sur de Texas. Años más tarde, su hermana menor, Aura, también tomó la difícil decisión de venir. Recibí una llamada telefónica diciéndome que Aura, apenas de 24 años de edad, estaba detenida en El Paso. Había cruzado el puente desde Ciudad Juárez. Estaba viva, gracias a Dios, pero sobrevivió al viaje con heridas físicas y psicológicas graves. Aura ya había sido obligada a la esclavitud por una mara en Honduras, lo cual le hizo sufrir una crueldad indescriptible. Tenía que escoger entre esa esclavitud o dejar a su madre enferma. Cuando tomó la agonizante decisión de huir, la mantuvieron encerrada en un compartimiento bajo un autobús, obligada a inhalar humos tóxicos durante horas y horas. Escapó y atravesó la pesadilla del desierto en camino a nuestra frontera. Pero después de escapar de los criminales, aquí en la tierra donde esperaba estar segura, fue tratada como a una criminal, puesta tras las rejas en un centro de detención. Lamentablemente, Aura no está sola en su experiencia. Nosotros, ministros que trabajamos a lo largo de la frontera, conocemos las historias de los que continúan llegando, huyendo de la violencia, el hambre y de países desestabilizados, debido en gran parte a nuestro insaciable apetito por las drogas. Para algunos, la deportación de regreso a esas situaciones puede incluso ser una sentencia de muerte. Arreglaremos nuestro sistema de inmigración quebrado el día en que dejemos de ver a la gente como Aura, con miedo y con corazón de piedra. ¡Aura es tu vecina! ¡Aura es tu hermana! TRANSFORMING OUR REALITY 19. Debemos continuar mostrando compasión y atender las necesidades materiales y espirituales de las decenas de miles de migrantes indocumentados en nuestra diócesis y de aquellos que continúan llegando a nuestra frontera. Para examinar la cuestión de la migración a la luz de un clima político cambiante y así ayudarme a discernir un camino para nuestra diócesis hacia una solidaridad más profunda, estoy creando una Comisión Diocesana de Migración. Nuestra solidaridad debe ser efectiva. Sabemos que la Iglesia «tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia.» 11 Esta carta pastoral es un hito importante en ese trabajo, pero espero que sea sólo el comienzo de una solidaridad más profunda con los pobres y excluido. 20. A nuestros hermanos y hermanas migrantes: ¡Estamos con ustedes! Como su obispo, me comprometo a estar con ustedes en este tiempo de ansiedad y miedo. Prometo escucharlos, celebrar con ustedes, compartir el pan con ustedes, orar con ustedes y llorar con ustedes. Ustedes tienen una dignidad que ninguna ley o tribunal terrenal puede quitarles. Sus familias enriquecen nuestra comunidad y fortalecen nuestras parroquias. Su perseverancia, dedicación y entusiasmo por un futuro mejor renuevan nuestra esperanza. En esta época de prueba, recuerden que nuestra única esperanza es Cristo, cuya gracia es suficiente para nosotros y cuyo poder se manifiesta en la debilidad (cf. 2 Cor. 12,9). Sepan que la Iglesia de El Paso está con ustedes, defiende y afirma su dignidad humana, y aboga por sus derechos. Como parte de este compromiso, estoy creando el Fondo Soñador para ofrecer asistencia financiera a los niños y niñas de nuestras familias migrantes para que asistan a nuestras escuelas católicas. Comenzaré este nuevo fondo de becas con una contribución personal. Históricamente, la educación católica ha sido uno de los medios más eficaces para empoderar a los migrantes y ayudarles a integrarlos en nuestra comunidad y en nuestro país. Las escuelas católicas de la Diócesis de El Paso han transformado vidas y estoy comprometido a hacer crecer este legado. Invito a aquellos que tengan la capacidad financiera para ayudarme a aumentar este apoyo vital para nuestros niños. 24. A nuestros líderes comunitarios: ¡Nos comprometemos a trabajar con ustedes! El Paso es una ciudad bendecida con muchos defensores que trabajan todos los días para construir una mejor comunidad fronteriza. A nuestros líderes electos, prometemos colaborar con ustedes en la construcción de una sociedad en donde se respeten los derechos de cada persona y apoyarlos a asumir posiciones valientes en nombre del bien común y en defensa de los pobres. A nuestros maestros, les agradecemos por hacer de los salones de clase lugares en donde todos nuestros niños se sientan seguros y apoyados. A los medios de comunicación, les doy las gracias por transmitir información veraz y crítica a la comunidad. A los muchos líderes ecuménicos e interreligiosos aquí en la frontera, estoy orgulloso de nuestro testimonio común del poder de la fe para mover los corazones a la justicia; espero trabajar con ustedes para avanzar los compromisos centrales de nuestras tradiciones de fe a la hospitalidad y dar acogida al extraño. 25. A los que están fuera de nuestra comunidad fronteriza, ¡Vengan a ver! El retrato de la frontera presentado por los medios de comunicación y promovido por aquellos en las capitales lejanas, es a menudo impreciso y motivado más por intereses privados que por el interés en la verdad. Nuestra frontera es hermosa, rica en historia y cultura, fe y maravilla natural. Este es un lugar donde personas de muchas culturas, idiomas y nacionalidades coexisten y prosperan. Invito a jóvenes, voluntarios, abogados y otros profesionales a compartir su tiempo con nosotros, en oportunidades de servicio disponibles a través de muchas organizaciones de la iglesia y la comunidad. Pido a los legisladores y a los encargados de formular políticas en otras partes del país, que pongan fin a la demonización de nuestra frontera, de nuestros residentes fronterizos y de los migrantes. Los migrantes y la migración no son problemas a resolverse, sino más bien «un gran recurso para el camino de la humanidad.»12 Millones de personas en nuestra frontera y en todo el país están orando por ustedes y por una resolución a nuestro sistema quebrado. Mientras tanto, añado mi voz a los que piden un alto a la deportación de los migrantes no violentos, hasta que logremos un consenso nacional y la reforma. La voz de nuestras comunidades debe tomarse en cuenta en la formulación de las políticas fronterizas y en los debates sobre la reforma migratoria. Rechacemos una mentalidad de hostilidad y trabajemos juntos en cooperación generosa para el bien común. CONCLUSIÓN 26. Pertenecemos a «una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos.»13 Cada año, los feligreses de Ciudad Juárez, Las Cruces y El Paso se reúnen para celebrar la Misa Fronteriza. Nos encontramos divididos quizás por una valla o un río, por una economía de exclusión o políticas injustas de migración. Sin embargo, aún en medio de todo lo que nos separa, la misa fronteriza es un alegre recordatorio de que el Cristo Eucarístico está construyendo una Nueva Humanidad, llevándonos a todos juntos hacia la Nueva Jerusalén. Nuestra Señora de Guadalupe nos inspira una visión de las Américas como un gran Templo para el pueblo de Dios, donde los rescatados por el Señor vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría. Que estos vínculos de caridad continúen creciendo e inflamen nuestros corazones. Que tomemos nuevas y proféticas acciones para lograr el Reino de la justicia, la verdad y la reconciliación para transformar este desierto y que el páramo se convierta en estanque y la tierra sedienta, en manantial. Dada el dieciocho de julio del año dos mil diecisiete. +Mark Joseph Seitz Obispo de El Paso
Oración por los Migrantes Oh Señor, como lo hiciera el profeta Isaías en su tiempo, así nosotros hoy compartimos tu visión de esperanza. Nosotros también hemos experimentado las arenas ardientes y el suelo sediento de la indiferencia y la exclusión humana. Lloramos el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas latinoamericanos y de otros lugares, forzados por la violencia, la corrupción y la miseria a abandonar la familia y todo lo que atesoran para buscar una oportunidad de vida aquí en nuestra tierra bendita. Pero sabemos, Señor, que tú mismo eres migrante. Tú experimentaste las pruebas del refugiado, habiendo huído siendo un niño, con tus padres José y María a Egipto. Sabemos de tu amor especial por aquellos que no tienen otra posesión, sino el uno al otro y a Ti. Mueve Señor nuestros corazones y los de nuestros líderes, para amarlos como Tú los amas, amarlos con tu amor, que seamos tu amor por los migrantes en la puerta de nuestro país. Llena nuestros corazones de tu compasión. Ayúdanos a saber que, amando de esta manera no dependeremos de nuestros recursos limitados, sino de la abundancia de Aquel que con una simple bendición proporcionó un banquete a cinco mil con cinco pequeños panes y dos peces. Llénanos de gozo y alegría mientras somos testigos de tu trabajo transformador. Tú que creas la vida de la nada y haces florecer el desierto, salva a los que te invocan. Rescátalos y llénalos con su alegría. Acompáñalos con la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, San Toribio Romo, con nuestro propio San Pedro De Jesús Maldonado y todos los Santos. Y concédenos que los que un día los hemos servido aquí en la tierra, podamos emigrar con ellos al Reino donde vives y reinas por los siglos de los siglos. ¡Amén!
Notas 1 FRANCISCO, Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 114. 2 FRANCISCO, Discurso al Congreso de los Estados Unidos de América (2015) 3 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 231. 4 Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado (2014). 5 Homilía durante la Santa Misa en la Área de la feria de Ciudad Juárez (17 febrero 2016). 6 Cf. JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris (11 abril 1963), 106. 7 I Have a Dream:Writings and Speeches that Changed the World. Ed. James M. Washington (San Francisco: Harper Collins, 1992), 89. (Traducción personal). 8 Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 72. 9 Ibíd. 198. 10 Ibíd. 53. 11 BENEDICTO XVI, Carta enc. Deus caritas est (25 diciembre 2005), 28. 12 BENEDICTO XVI, Discurso, Ángelus (14 enero 2007).
16. Recuerdo también los rostros de aquellos que con valentía contaron sus historias de migración en nuestra Catedral, durante el evento Testimonio de Dignidad y Solidaridad, celebrado a principios de este año junto con nuestra comunidad cívica e interreligiosa. Escuchamos las voces de los Soñadores (Dreamers), solicitantes de asilo y familias migrantes. Recuerdo a Rosa, una madre de tres hijos y abuela de cuatro, que cruzó la frontera sin documentos hace casi 30 años. Rosa es un pilar del vecindario Segundo Barrio y también una incansable voluntaria en la Parroquia del Sagrado Corazón. Debido a que el esposo de Rosa fue deportado hace muchos años, se enfrentó sola al reto de criar una familia, trabajando largas jornadas limpiando casas y cuidando a personas con discapacidad. Ella ha criado una familia fuerte y hermosa. Su hija Rosa es una maestra comprometida en nuestras escuelas públicas y su hijo Jesús es un ingeniero muy dedicado. ¿Quién puede negar que nuestra comunidad sea disminuida sin la fe, el trabajo duro y las contribuciones de Rosa y su familia? 17. Estos momentos de encuentro con nuestros hermanos y hermanas migrantes pueden ser ocasiones para la conversión. En la actualidad, más y más personas viven cotidianamente como si Dios no existiera. Esta creciente indiferencia hacia Dios existe a veces junto a una frialdad cada vez mayor hacia los pobres y los sufrientes, como si ellos no existieran. En tiempos de angustia y confusión nos preguntamos, ¿Dónde está Dios? Pero el Evangelio nos enseña que lo encontraremos entre los pobres y excluidos, quienes «luchan por sobrevivir ... y en esas luchas se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso.» 8 Como dice nuestro Santo Padre, los pobres «tienen mucho que enseñarnos ... Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos.» 9 Los migrantes son proféticos en su testimonio vivido de valores cada vez más marginados en la cultura actual: la fe, la vida y la familia. Y nos despiertan de la indiferencia, abriéndonos los ojos a las injusticias de la globalización y a «una economía de exclusión y de inequidad.»10 Estoy convencido de que la profundidad de la fe de nuestro pueblo y la vitalidad de nuestras parroquias se deben en gran parte a la generosidad de nuestra comunidad en dar la bienvenida al extranjero y a la opción que hacemos por los pobres. 18. Pudieran haber algunos que se pregunten si en estas reflexiones no estoy sustituyendo la política por la enseñanza de la Iglesia. Respondo que, como pastor mi deber es hacia el Evangelio de Jesucristo. Nuestros hermanos y hermanas migrantes, los que oran en nuestras iglesias, ministran en nuestras parroquias, estudian en nuestras escuelas, trabajan en los campos, sirven en nuestras fuerzas armadas ... cada uno de ellos hoy vive en un desierto de ansiedad y aislamiento. Muchos de aquellos que continúan viniendo a nuestra frontera, no solo buscan una vida mejor sino la vida misma. Nuestra comunidad cristiana está llamada a acompañarlos en su angustia y dolor en el camino hacia la liberación, lejos de la tristeza y del duelo y en el camino hacia un futuro de gozo y alegría. Dios desea salvar a su pueblo hoy, haciendo una nueva historia. ¡Estamos llamados a la acción!
INTRODUCCIÓN
Vista de Ciudad Juárez desde el campus universitario de El Paso.
6. A pesar de las dificultades, los cambios y las desilusiones, el Espíritu ha estado trabajando en esta larga historia de migraciones, moviendo los corazones a la hospitalidad, recompensando la esperanza con oportunidades de trabajo y construyendo la armonía en la diversidad. Nuestro desierto de Chihuahua ha sido un lugar poderoso de encuentro, en donde se ha arraigado la verdadera cultura del encuentro, lo que ha dado frutos de vida, cultura y fe, que han brotado en las arenas más secas. La obra evangelizadora de la Iglesia tiene lugar dentro de este gran drama, anunciando palabras de bendición, afirmando la vida y dirigiéndose al Reino. Nosotros somos los siervos en el paciente viaje hacia la civilización del amor que el Espíritu está preparando para toda la humanidad. 7. Como ciudad fronteriza, tenemos una vocación única de demostrar la virtud cristiana de la hospitalidad. Estoy maravillado por la caridad y la iniciativa de nuestra gente en dar la bienvenida al extranjero. Nuestra diócesis es bendecida con personas heroicas, familias, pastores, religiosos, parroquias e instituciones que se dedican al servicio de los migrantes y refugiados. Durante casi cuarenta años, la Casa Anunciación ha acogido a miles de personas que huyen del conflicto, el hambre y la persecución. Parroquias y conventos han abierto sus puertas de manera sin precedentes a aquellos que continúan llegando a nuestra frontera desde México, Centroamérica, Brasil, Cuba, Haití y muchos otros países. Nuestra gente aboga por leyes justas y en contra de la militari- zación de nuestra frontera. Nuestro centro de Servicios Diocesa- nos para Migrantes y Refugiados (DMRS por sus siglas en inglés) cumple con una necesidad crítica de proveer servicios legales a la comunidad. Los recién llegados aprenden inglés en los salones de nuestras parroquias, reciben comida y ropa de sus despensas y son acompañados por voluntarios a las estaciones de autobuses y al aeropuerto. Los Entrenamientos Conozca sus Derechos se ofrecen después de la misa y se registran nuevos ciudadanos para que voten por primera vez. Los voluntarios ofrecen palabras de consuelo a los que se encuentran en centros de detención de migrantes y los miembros de los ministerios RICO de las parroquias ofrecen formación de fe y celebran los cumpleaños y quinceañeras de los menores detenidos no acompañados. No hay distinción entre documentados e indocumentados cuando juntos recibimos el Pan de Vida en nuestras capillas e iglesias.
La enseñanza de la Iglesia sobre la migración 10. ¿Quién puede olvidar la emotiva visita del Papa Francisco al Río Grande el año pasado? Recuerdo los rostros de muchos migrantes, sobrevivientes de la violencia, obreros y menores no acompañados - nuestros VIPs de Papa Francisco - que saludaron al Santo Padre en nombre de la comunidad de El Paso y de hecho de todo Estados Unidos, cuando él se acercó al Río Grande. No puedo más que pensar que los suyos eran los rostros del sueño americano, marcados por la lucha pero llenos de esperanza. El canto del Requiem aeternam, la oración de la Iglesia por los muertos, cantado por el coro mientras el Papa se acercó a la valla para orar por los que murieron en el desierto y que nunca pudieron realizar sus sueños terrenales, debió marcar nuestra memoria. Su petición de que se ponga fin a la tragedia de la migración forzada fue clara: «¡No más muerte! ¡No más explotación!»5 11. En ese momento en el Río Grande, el Papa Francisco expresó toda la enseñanza de la Iglesia sobre la migración: encuentro, conversión y compasión. Esta enseñanza descansa sobre bases antiguas. El Antiguo Testamento es claro: «Al forastero que reside junto a ustedes, le mirarán como a uno de su pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues forasteros fueron ustedes en la tierra de Egipto» (Lev. 19,34). Jesús mismo fue refugiado en la fuga hacia Egipto (cf. Mt. 2,13-23). Sabemos que Dios está al lado de los migrantes y «no se avergüenza de ser llamado su Dios, porque les tenía preparada una ciudad» (Heb. 11,16). Todo ser humano lleva en sí la imagen de Dios, que nos confiere una dignidad más alta que cualquier pasaporte o estatus migratorio. Debido a esta dignidad, la Iglesia ha reconocido durante mucho tiempo el primer derecho de las personas a no emigrar, sino a permanecer en su comunidad de origen. Pero cuando eso se ha vuelto imposible, la Iglesia también reconoce el derecho a emigrar.6 Si bien los países tienen el deber de garantizar que la migración sea ordenada y segura, esta responsabilidad nunca puede servir como pretexto para construir muros y cerrar la puerta a los migrantes y refugiados.
"TODO SER HUMANO LLEVA EN SI LA IMAGEN DE DIOS, QUE NOS CONFIERE UNA DIGNIDAD MÁS ALTA QUE CUALQUIER PASAPORTE O ESTATUS MIGRATORIO."
CONFRONTANDO NUESTRA REALIDAD
8. Dentro de nuestra comunidad tal vez no todo el mundo verá de la misma manera el sistema quebrado de migración; sin embargo, todos pueden estar de acuerdo en que el mismo no está funcionando adecuadamente. Las consecuencias morales de este sistema para nuestros hermanos y hermanas no pueden ser ignoradas. Como suele decir el Papa Francisco, «la realidad es más importante que la idea». 3 Nadie puede negar los terribles impactos humanos de un sistema que divide a las familias, que permite a algunos detener a los seres humanos con fines de lucro, y que pone en riesgo el compromiso histórico de nuestra nación con el refugiado y solicitante de asilo. Las arenas ardien- tes de nuestro desierto son una tumba anónima para demasiados migrantes que han muerto intentando cruzar. El aumento de la militarización y la construcción de más muros sólo harán que este viaje sea aún más peligroso. Soy pastor de una diócesis con múltiples centros de detención de migrantes que tienen un número incalculable de seres humanos cada noche, donde la angustia se multiplica y la esperanza se atenúa. Soy pastor de una diócesis dividida por muros y puestos de control que separan a las personas de sus seres queridos. Soy obispo de un rebaño asustado por las luces intermitentes de los coches de policía en el espejo retrovisor, que se preguntan si esta excursión familiar o ese regreso a casa del trabajo será el último. Soy padre espiritual de miles de agentes de la Patrulla Fronteriza y del ICE, quienes ponen diariamente sus vidas en la línea para detener el flujo de armas y drogas y a los que las transportan. Muchos agentes están preocupados a conciencia por la retórica política divisoria y los nuevos edictos que vienen de Washing- ton, DC. Soy ciudadano de una comunidad donde los niños se preocupan si mamá o papá estarán allí cuando regresen de la escuela. En esta situación, cada día pido al Señor que me dé las palabras correctas para consolar, denunciar la injusticia y anunciar la redención. 9. Recientemente hemos presenciado la demonización de los migrantes, y escuchado palabras de odio hacia nuestros vecinos de México y un lenguaje destructivo sobre nuestra frontera. Este año, las acciones severas para la aplicación de la ley han aumentado y las deportaciones de aquellos sin antecedentes penales han aumentado. La desconfianza ha crecido entre las comunidades y los que hacen cumplir las leyes. Hemos visto a los solicitantes de asilo, incluso a los periodistas huyendo por sus vidas, que ahora son puestos en centros de detención como un hecho normal. Hemos escuchado amenazas de que los niños migrantes podrían ser separados de sus madres en la frontera. Aquí en Texas, los programas policiales comunitarios esenciales para nuestra seguridad están siendo amenazados por una nueva ley, la SB4, que autorizará a oficiales locales a servir como agentes de inmigración, incrementando el temor de una fuerza de deportación masiva. Aunque nuestra Iglesia ha sido clara sobre el imperativo de resolver este problema perenne, nuestros líderes electos aún no han reunido el valor moral para promulgar una reforma migratoria permanente y comprensiva. Aun así, los migrantes son tratados, como dice el Papa Francisco, como «peones en el tablero de ajedrez de la humanidad»4. Su trabajo y sus talentos son explotados, pero se les niega la protección de la ley y son chivos expiatorios para nuestros males sociales y económicos.
“SEPAN QUE LA IGLESIA DE EL PASO ESTÁ CON USTEDES, DEFIENDE Y AFIRMA SU DIGNIDAD HUMANA Y ABOGA POR SUS DERECHOS .”
21. A nuestros sacerdotes y parroquias, ¡Aboguemos por los migrantes! Nuestras parroquias deben ser lugares donde los migrantes sean bienvenidos y fortalecidos en su fe. Nuestra comunidad de fe también está llamada a anunciar la Buena Nueva del Reino, redireccionando los términos del debate público para una sociedad más justa y presenciando los valores de la misericordia, la justicia y la verdad. Nuestras parroquias deben ser centros de oración, estudio y diálogo, en donde los católicos puedan involucrarse en la construcción de una frontera más humana a través de la educación y la incidencia pública. Dada la confusión y el miedo que rodea el tema de la migración no todos estarán de acuerdo en cómo solucionar los problemas de nuestro sistema quebrado de inmigración. Aunque nunca debemos actuar por temor, nunca debemos temer actuar. Debemos seguir denunciando el mal de la separación de las familias, la militarización de nuestras comunidades fronterizas, la detención con fines de lucro de los migrantes, el maltrato a los solicitantes de asilo y el menosprecio a nuestros hermanos y hermanas musulmanes. Debemos enfrentar la plaga de abuso de sustancias que afecta a nuestro pueblo, la confusión y la depresión que empujan a nuestros niños hacia las drogas, y el tráfico de drogas que está desestabilizando a México y Centroamérica, impulsando la migración hacia nuestra frontera. Debemos enfrentar la injusticia de una economía global de la exclusión que obliga a los trabajadores maquiladores de Ciudad Juárez a ganar uno de los salarios de fábrica más bajos en México. Debemos trabajar para superar la polarización que está desgarrando nuestras comunidades. La Comisión de Migración trabajará con las parroquias para intensificar nuestra defensa, particularmente a través de la Campaña de Justicia para los Migrantes de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. Se ofrecerá un programa de formación intensiva a través del Instituto Tepeyac dedicado a desarrollar líderes de grupos parroquiales. Estos se dedicarán a la incidencia pública y a brindar asistencia a familias afectadas por la deportación o la detención. Junto con nuestros vecinos y otros grupos religiosos, debemos dialogar con nuestros líderes electos, así como con los líderes de las agencias locales de cumplimiento de la ley y de inmigración, para promover el bien común. 22. A nuestros fieles: ¡Comprométanse localmente! Hago un llamado a los fieles para que se involucren aún más en las numerosas obras de caridad y justicia que se realizan diariamente en favor de los migrantes dentro de nuestra diócesis. El trabajo de Casa Anunciación y los esfuerzos del centro de Servicios Diocesanos para Migrantes y Refugiados (DMRS por sus siglas en inglés) son una fuente de orgullo para nuestra comunidad. También reconozco la labor de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez, que alberga y alimenta a los recién llegados a nuestra frontera y a los que han sido deportados. Muchas de nuestras organizaciones comunitarias locales han sido apoyadas por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés) y han demostrado ser defensoras efectivas de la dignidad humana y los derechos de los migrantes. Todos los días nuestras parroquias brindan apoyo y alimento espiritual a los migrantes en formas que a menudo pasan desapercibidas. Todos nosotros podemos apoyar este gran trabajo involucrándonos como voluntarios y con nuestro aporte económico.
“ONLY COMPREHENSIVE IMMIGRATION REFORM WILL BRING LASTING SOLUTIONS.”
23. A los policías locales y a los agentes de inmigración: ¡Gracias! Sepan que su dedicación y valentía en servir a nuestra comunidad y proteger nuestro país son apreciadas. Oficiales locales de la ley han tomado posturas importantes en la priorización de la policía comunitaria y en limitar la participación de los policías en la aplicación de la ley de inmigración. Aún frente a la SB4, espero que los logros obtenidos a través de la cooperación de los policías y alguaciles locales con las comunidades migrantes no se pierdan. Los agentes que aplican las leyes de inmigración de nuestra nación enfrentan diariamente situaciones difíciles y a veces peligrosas. Les ruego, ¡no ignoren las obligaciones de la conciencia! Traten a cada persona que encuentren, con dignidad y respeto y con los valores estadounidenses de equidad y justicia. A los agentes que trabajan en el campo, recuerden que las personas que encuentran durante el desarrollo de su misión son sus hermanos y hermanas, hijos de Dios. ¡Ningún ser humano es ilegal! Les prometo orar por su regreso diario y seguro a sus hogares y familias. A los que dirigen la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), apelo a su compromiso con los nobles ideales de la Constitución de igualdad de trato bajo la ley y el debido proceso. Aunque yo no ofrecería falsas expectativas de protección a los que no tienen un estatus migratorio legal, es mi deber pastoral velar para que nuestros templos y escuelas católicas sigan siendo lugares de unidad, hospitalidad y reverencia. Por lo tanto, he dado instrucciones a nuestro abogado diocesano para que envíe un memorándum a los párrocos y directores de escuelas católicas, comunicando que deben indicarles respetuosamente a los agentes de la Patrulla Fronteriza y al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas que estos no pueden entrar en la propiedad de la iglesia para ejecutar acciones coercitivas sin una orden judicial, excepto en caso de situación de peligro inminente. Confío en su buena voluntad de mantener el respeto por localidades sensibles como escuelas y hospitales así como a lugares de culto, y en preservar el orden público. Prometo mi colaboración y mis sinceros deseos por una relación productiva continua y el intercambio de puntos de vista en beneficio del bien común de esta comunidad.
Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2011. Todos los derechos reservados. Diseño de portada: La Nueva Humanidad, vitral, Iglesia de San Pio X, El Paso Traducción por Luz Magdalena Del Valle.